Olores con sombra

| MONTSE GARCÍA |

DEZA

¡QUÉ BONITO es el calor! Ligeros de ropa, chanclas, gafas de sol y buen humor. Eso hasta que toca caminar por una de las numerosas calles soleadas de los cascos urbanos en las que se encuentran aparcados los maravillosos contenedores verdes. Aquí la cara cambia y el buen humor se olvida al tener que taponar con una mano la nariz del fuerte olor. Miras a un lado y a otro por si era el vecino de al lado que no se lavó en quince días o si habías pisado algún excremento canino. ¡Qué iluso! Es más grande y de color verde. Exacto, eran esos maravillosos contenedores verdes a los que el calor no les gusta nada. Cada vez que las temperaturas suben, piden una ducha a gritos, tanto como la de el que no se lavó en los últimos quince días. Dentro de poco, de seguir así y sin que nadie los lave, los olores se solidificarán y producirán sombra.