El CRISOL | O |
11 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CADA verano, un estribillo mediocre con el mismo fondo salsero o rumbero de otros temas ya conocidos, se convierte en la canción del verano. Y cada verano, es más patente que nos estamos quedando sin parados, y los pocos que hay son morenitos, o blanquitos que saben trabajar 40 días para cobrar después cinco meses de paro. En invierno, casi perdono que un pueblo, o villa, como A Estrada, se quede sin gente, ni bares abiertos -de lunes a jueves- a partir de las doce y media de la noche. Es posible que en esos días fríos falte la canción del verano. Pero me duele que casi ocurra lo mismo un 10 de julio o un 6 de agosto. En este pueblo pasa algo, incluso en verano. O quiza yo no haya comprendido que aquí hay mucho rico, e hijos de tales, que se buscan la noche compostelana en invierno y las playas de las Rías Baixas en verano. En el único pub que me pudo servir una piña colada con ron Negrita pasada la una de la madrugada del pasado miércoles escuché una de las veinte canción del verano del 67. Eran los Rolling. De las otras diecinueve, quince venían de USA o Gran Bretaña. En ese pub, de los doce clientes, cinco no eran españoles. Los demás éramos extranjeros.