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En directo | Un ajetreado día en el casco urbano de Lalín El mercadillo es uno de los principales atractivos comerciales de la localidad lalinense, que multiplica el número de visitantes en los días en los que éste se celebra
03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.«Vivir en Lalín, qué bonito é», dice la canción popular. Seguramente no le falta razón, pero ¿también en un día como el de ayer en el que la feria, los coches y las obras, hacían de la patria del cocido un auténtico caos?. Y es que, feria hay todos los meses pero pocas veces confluyen tantos factores como ayer: mes de verano con la consiguiente afluencia de turistas, obras en varias calles, coches por doquier y un ligero calor de fondo. Así es que, tanto comerciantes como peatones, al igual que los conductores obstinados en buscar aparcamiento, sudaron la gota gorda a pie del asfalto lalinense. Un anténtico pulmón Pero no nos engañemos. Por mucho atasco que haya y muchos sofocos que pasásemos, ¿qué sería de Lalín sin la feria? El tradicional mercadillo es uno de los principales atractivos comerciales de la localidad, y no sólo porque la gente venga a comprar a los propios puestos ambulantes. La excusa es esa, pero la realidad es que el día de feria se aprovecha para realizar la consulta médica pendiente, ir al supermercado y solucionar los problemas burocráticos. Amén de comer el tradicional pulpo y charlar con Pepe, a quien con tanto estrés solo ves de pascuas en viernes . Es decir, que la localidad vivió una auténtica revolución, tanto de afluencia de público como de ventas en la mayor parte de los sectores. La paga extraordinaria La de ayer, como reconocen algunos comerciantes, fue una buena feria, las calles se llenaron y muchos establecimientos también. Y entre tanta venta, aparece el milagro de la paga extraordinaria. Vamos, que los abuelos este mes tienen sueldo extra y eso se nota. Aunque, eso sí, algunos comerciantes ambulantes dijeron que lo de tanta gente era mucho ruido y pocas nueces. Claro, si las que compraban ayer pasaban de los 60, igual los biquinis a 15 euros que reinaban en la feria les quedaban un pelín lejos.