Una procesión de órdago

P. BERMÚDEZ

DEZA

El CRISOL | O |

25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

TENGO que confesar que la última procesión en la que quise desfilar fue aquella que se desarrolló el mismo día que hice la primera comunión. Cuarenta años después, mantengo un respeto intuitivo y casi confesional con todo lo que significaba aquella participación en tales actos religiosos. Mi pueblo había bajado en aquellos años de los casi intocables 5.000 habitantes de los que presumió durante las décadas anteriores. Ni antes de aquella primera comunión, ni después, ese pueblo pudo exportar un futuro conselleiro. Eso sí, dejó salir a tres o cuatro futuros periodistas. Uno llegó a subdirector del ABC. Mi amigo Florencio, que vistió a mi lado las galas de la eucaristía, fue alcalde allá a finales de los ochenta. Y poco más. Ahora, los estradenses me dejan vivir con ellos desde hace años. Este pueblo, al contrario que el mío, está creciendo desde hace años, aunque a costa de sus parroquias. Y de aquí salen dos o tres periodistas cada año, pero también políticos de alto relieve. En la actualidad, por ejemplo, tenemos a dos conselleiros y a algún director general. Además, otros altos cargos de las administraciones gallegas son amigos de pasearse por aquí en cuanto pueden, e incluso se puede decir lo mismo de una ministra. Quizá por ello la procesión mayor de las fiestas patronales, la de mañana, contará en su séquito de autoridades con significados políticos, unos estradenses y otros no, pero todos amigos de esta zona. Les pondrán incluso una alfombra floral y la Brilat acompañará con su sonido sobrecogedor. A esos políticos que salen de tu pueblo hay que cuidarlos; siempre lo agradecen. Pero deberían salir también de otros colores.