Lluvia contra los pobres

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EL CRISOL | O |

03 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL TIEMPO, como casi todo, también está del lado de los ricos. De los que entre semana no tienen más ocupación que ir al gimnasio por la mañana y jugar al tute por la tarde. O al póker o al parchís, que la semana da para mucho. De los que se acuestan más preocupados por el paddel que por la subida del recibo de la basura y se levantan indecisos entre el desayuno en la cama o en el bar. De aquellos para quienes los fines de semana son ese horrible par de días en los que los bares, las carreteras y los cines se ponen imposibles y obligan a refugiarse en el chalé de la playa. El tiempo está de parte de los apoderados, de ese ejército de chupatintas que siempre tienen un euro a mano sin mover un dedo para conseguirlo. Debe ser que la «fuerza» siempre les acompaña. Igual que la suerte y la climatología. Los pobres, en cambio, lo tienen todo en contra. Se acuestan sabiendo que van a tener que madrugar, se despiertan preguntándose si quedará leche en la nevera y se pasan la mañana esperando la pausa del almuerzo y deseando que no toquen lentejas -que tienen mucho hierro, pero no hay quién las trague-. Por la tarde les espera más trabajo y, si hay suerte, unas tapitas en el bar antes de volver al hogar, dónde Pemán destroza todos sus planes lúdicos anunciando lluvias para el fin de semana. La tónica general es sol a rabiar entre semana y nubes a discreción para el sábado y el domingo. Obreros y peones sudan en los andamios mientras otros se tuestan al sol con bañadores último modelo. Estudiantes y funcionarios pueden darse el lujo a veces, pero el resto de los mortales está pidiendo a gritos un fin de semana decente para estrenar la colchoneta.