Coherencia cultural

DEZA

RASTRO DE AIRE | O |

20 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

PARECE que no será preciso arrancar las hojas del prólogo de Xosé Cuíña en el libro «O poboado mineiro de Fontao» y que su nombre aunque no se ajuste al cargo no impedirá difundir un documento de tanto interés. Concebir y llegar a editar un documento como el que nos ocupa es hacer cultura de la buena, de la que como la simiente prende y se reproduce. Por eso resultaba impensable que se hiciese algo con el valor de lo que nos ocupa para dejarlo morir en un armario. Se disipan pues las dudas de la incoherencia política para dar paso a una coherencia cultural. Quizá nunca se debió dejar pasar un año, ni dejar crecer la duda. Quizá la reacción debió adelantarse a las alertas públicas, pero todo sea dado por bueno si al final el objetivo base de hacer país, investigando y difundiendo su historia alcanza el valor de llegar a la población, de cumplir su función cultural. De las minas se habló ya en 1871, tuvieron su máxima producción en 1943 y cerraron en 1963 en galerías y en 1974 a cielo abierto, según recogen los autores. Hay una historia de cien años contada por los historiadores en el libro que no podía encerrarse en un almacén y por eso llegó la coherencia cultural.