Cuando se monta un buen pollo

Mario Beramendi Álvarez
Mario Beramendi SANTIAGO

DEZA

ÁLVARO BALLESTEROS

En el Toural, la gente está acostumbrada a que le den pegatinas, panfletos y dípticos. Pero ayer se entregaron muslos, zancos y pechugas. Asombro colectivo

10 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue una mañana tan fría que ayer, en el Toural, las precipitaciones no cayeron en forma de nieve sino de pollo. Grandes copos alados, en bolsas blancas, provinientes del cielo. De este insólito fenómeno meteorológico no avisó el hombre del tiempo, lo que provocó la estupefacción colectiva. Los productores desplegaron una mesa llena de mil kilos de carne y pronto se congregaron numerosos curiosos. El primer despistado preguntó si las aves estaban vivas y el segundo, condicionado por la actualidad, pensó que daban chapapote. Pero no, se trataba de carne fresca, aunque estaba congelada por las temperaturas. Los viandantes, acostumbrados a oír en el Toural consignas alusorias a Bush, Aznar y la LOU, se quedaron atónitos cuando uno de los productores agarró un megáfono y comenzó a gritar un lema histórico: «¡Pollo gratis, pollo gratis!». La gente, persuadida por la ganga, se acercaba al puesto. Y entonces, los organizadores le entregaban la carne con una única condición. «¡Y lea vostede o papeliño!». La operación Y así, el público se llevaba en una mano el panfleto y en la otra un pollo. En la nota informativa, que pocos leyeron, se aclaraba la razón de tan insólita algarada. Son tan bajos los precios que recibe el granjero, que éste prefiere regarlarle el producto al consumidor antes que a las industrias. Pronto se solidarizó el público con la causa. Y la gente elaboró una gran tormenta de ideas en la que todo tenía cabida. Un potaje caliente de argumentos para combatir el frío y abrir los brazos a las precipitaciones avícolas. La huelga de los productores se mezclaba con el IPC, las pensiones, la marea negra y el efecto euro. Y así fue como un pequeño reparto se convirtió en toda una reacción social contra el poder público. El descontento afloraba, pero el ciudadano no podía ocultar una sonrisa al saber que tendría comida gratis. De la mañana pudieron extraerse varias conclusiones. Primero, que los productores cobran poco por la carne. Y segundo, cuando hay una entrega gratuita las cosas duran menos que un pastel a la puerta del colegio. La estampa de ayer era propia de un reparto de ayuda humanitaria en Grozni. Por el frío y por el denuedo con que el público acudía a la mesa a llevarse su botín. De la movilización hay otras lecturas. Fue una mañana ruinosa para el Froiz. Y a la gente de Santiago, a tenor de lo visto ayer, le encanta la nieve. Sobre todo si cae en forma de zanco.