Crespo propone el nombre de Juan Orol para una de las calles de Lalín

La Voz LA VOZ | LALÍN

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

La localidad rindió ayer homenaje al cineasta de Santiso afincado en México La viuda del artista y el historiador Eduardo de la Vega destacan su papel en la cinematografía

13 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

A Lalín rindió homenaje ayer a Juan Orol, cineasta afincado en México y nacido en Santiso. Su casa natal cuenta desde ayer con una placa que da cuenta del hecho. Además, el alcalde Xosé Crespo señaló que en el nuevo callejero que se estudia para la localidad el grupo de gobierno propondrá dar el nombre de Juan Orol a una de las calles del municipio. Crespo realizó este anuncio ante la viuda del cineasta, Dinorah Judith, y sobrinos de Orol, así como el historiador mexicano Eduardo de la Vega, Manuel González y Manuel Areán. A estos dos últimos agradecieron tanto Crespo como el edil de Cultura Román Rodríguez su tesón en demostrar los orígenes lalinenses de Juan Orol. Eduardo de la Vega, historiador de la Universidad de Guadalajara, destacó la importancia de Orol como productor y realizador de los primeros éxitos del cine sonoro mexicano, que permitieron la consolidación de aquella industria. De la Vega consideró «no sólo justo sino necesario que Orol regrese a Galicia, a Lalín» con un ciclo de películas y homenajes. En su estudio «Juan Orol, un galego no cine mexicano», Eduardo de la Vega se refiere a su etapa de 1946 a 1955, con películas «de pouco investimento ó tempo que estaban destinadas para o consumo estrictamente popular». Añade que esta etapa «é pródiga en exemplos dese cine imitativo que, pese a todo, vai desenvolvendo coma no insólito caso de Ed Wood -maxistralmente presentado na cinta homónima de Tim Burton-, un estilo persoal, propio». La biografía de Orol, al que algunos críticos llaman «el Ed Wood mexicano», es también de película. Emigrante a La Habana, fue mecánico, corredor de automóviles, jugador de béisbol, boxeador y actor de teatro. En México, intentó hacer carrera como torero, policía secreto y director artístico y publicista de radio, modo en que contactó con el mundo del celuloide. El inesperado éxito de su primera película, Sagrario (1933), le permitió asentarse en la incipiente cinematografía mexicana, donde abarcó todos los campos: de director a actor, guionista, o productor. Con una visión personal y cercana al gran público, según su propia opinión.