La chica del anuncio vive arriba

Diego Espiña SANTIAGO

DEZA

ÁLVARO BALLESTEROS

La mayoría de las mujeres que trabajan en pisos particulares son españolas, le siguen las brasileñas y las colombianas

12 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Rápido y directo. Abrir el periódico en la sección de contactos, marcar un número de teléfono y concertar una cita. Al otro lado de la línea la voz de una mujer. Una prostituta. El tiempo es oro y pronto se llega a un acuerdo en el precio. 60 euros normal, 120 con los múltiples condimentos posibles, una larga lista de posibilidades. Esa es la media. Un precio relativamente módico por media hora de sexo sin amor. Es una transacción rápida. El lugar, cualquier piso situado en cualquier edificio de Santiago. De esta manera, el encuentro será lejos de la sordidez que rodea a los bares de carretera y a las viejas barras americanas del Pombal. Esta es una realidad que se da cada vez con más frecuencia en el mundo de la prostitución. Poco a poco los tiempos de la mujer en la esquina o el bar de carretera, van quedando para el sector más marginal de este mundo. Aquellas mujeres que llevan ya muchos años en el oficio o, debido al fenómeno de la inmigración, mujeres que caen en las redes ilegales y que acaban en los clubes y bares de carreteras del entorno de muchas ciudades. Entre ellas Santiago. Desde el punto de vista del cliente es la mejor opción. Es un negocio en boga, donde los beneficios, en aquellos casos en donde la mujer vaya por libre, es decir sin proxenetas a su alrededor, son abundantes. «Unos días hay mucho trabajo y otros poco. Trabajo cuando quiero y si un día no me apetece trabajar no lo hago. Ahora ya no me chulea nadie, ya lo hicieron durante mucho tiempo, lo que gano es para mí». Son las razones de una de esta mujeres para explicar el hecho de la cada vez mayor proliferación de este tipo de prostitución. Ella es mexicana y lleva cinco años aquí en Santiago. Reconoce que antes había trabajado en pisos con otras chicas, «que estábamos a cargo de una madama, pero entonces ibas al cincuenta por cien con ella. Es mejor así», dice. Negocio lucrativo La asociación Alecrín reconoce no tener mucha información sobre el número de pisos que hay en Santiago. Sin embargo asegura que se trata de una realidad cada vez más presente en el lucrativo negocio del sexo. La mayoría de estas mujeres son españolas. Aunque también hay muchas extranjeras: sobre todo sudamericanas, de Brasil y Colombia. Según Alecrín y las propias prostitutas consultadas, el número de mujeres del Este está creciendo, sin embargo, «la mayoría caen en manos de redes ilegales que las explotan en clubes de carretera». Así es la profesión que dicen la más antigua del mundo y que, pese a que suba en ascensor, sigue escondida bajo la alfombra de las ciudades.