Alcanzar la cifra oficial de 100.000 habitantes da derecho a la obtención de una serie de recursos y ventajas en determinados servicios. Se venía estimando que llegar a este cómputo demográfico representaría más de quinientos millones de pesetas de trasvase de las arcas estatales a las del Concello compostelano. Además, las diferencias poblacionales entrañan distintas varas de medir en servicios como el transporte público o los bomberos. El último dato que salió a la luz relacionado con el padrón municipal es el resarcimiento económico derivado de la práctica desaparición del impuesto de actividades económicas (IAE). Los responsables de la Hacienda estatal hicieron referencia a la participación en determinadas ingresos a partir de los cien mil habitantes, lo que provocó el desagrado en Raxoi. Desagrado y frustracción de saber que se ronda una cifra que da la impresión de ser inalcanzable. Raxoi dice que de esta década no va a pasar, y exhibe un factor clave para conseguirlo: la revisión del PXOU, agregada a los efectos de las promociones residenciales en curso. En la agenda de las autoridades locales está subir en la escala demográfica hasta llegar a los 150.000 habitantes, cifra que a la oposición le parece muy baja. Precisamente, el grupo popular ha venido poniendo el acento en las políticas urbanísticas de Santiago como motivo del estancamiento e incluso de la huida de ciudadanos a otros municipios con mejores condiciones. El padrón aprobado por el pleno refleja 3.150 bajas (frente a 2.174 altas) por traslado de habitantes al entorno. Es un dato desalentador que el Concello espera arreglar. Pero está ahí. Los municipios más beneficiados son Ames, que casi duplicó su población en la pasada década, y Teo. La voracidad constructiva en esos ámbitos tiene la culpa de ello. El pasado año el área metropolitana creció el triple de la población que perdió Santiago.