Unas manos con don milagroso

Ana Conde A ESTRADA

DEZA

La estradense Carmen Montoiro es una de las componedoras de huesos más conocida a nivel gallego Vive en Pardemarín y convierte el patio de su casa en una consulta

31 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El siglo XXI se presenta siempre como el de la tecnología, de los grandes avances sanitarios y de los más futuristas experimentos médicos. Sin embargo, en Galicia, todavía pervive una ciencia sin reconocimiento académico, pero en la que mucha gente confía: la de los llamados componedores. Se trata de personas, casi siempre de avanzada edad, que no saben lo que es pasar por una facultad, en la pared de los salones de sus casas no cuelga un título oficial de traumatología y nunca han realizado prácticas en un hospital de provincia. A pesar de todo, miles de gallegos siguen acudiendo a ellos cuando algún dolor atormenta sus huesos. Carmen Montoiro es una de las componedoras más conocidas en Galicia, y lo es gracias al boca a boca, puesto que su nombre no aparece registrado en ninguna guía. Estrechas pistas llevan al paciente a la recóndita parroquia estradense de Pardemarín, donde la anciana Carmen se muestra siempre dispuesta a curar dolencias con sus sabias y expertas manos. No ha estudiado, pero tiene grandes conocimientos sobre la estructura ósea, y se dedica a curar torceduras, esguinces, rupturas, contracturas musculares o lumbagos. A corva , como todos la conocen popularmente, ya se siente muy anciana y por eso desde hace tiempo sólo atiende por las mañanas y por las tardes hasta las 17.00 horas. A sus 84 años vive sola, aunque en compañía de su más fiel guardián: León, un enorme y viejo pastor alemán que siempre es el primero en recibir a los pacientes de su ama, que hace presencia tras su impetuoso can. Una historia peculiar «O meu é un don que me deu Deus», afirma la componedora cuando se le pregunta por el origen de sus conocimientos. A pesar de que a Carmen Montoiro no le gusta hablar con los medios, y en un principio se muestra muy reacia, accede a revivir su juventud para relatar su tan peculiar historia. Cuando Carmen comunicó a sus padres lo que era capaz de hacer, éstos la tomaron por loca. Aquellos eran años muy duros y, como ella misma relata «había que traballar moito para gaña-lo pan e eu non podía poñerme con isto». Pero un día, la suerte y la casualidad se pusieron en camino de la, por aquel entonces, joven componedora. Una sobrina suya se hirió una pierna al quedar aprisionada por las ruedas del carro. «Eu aproveitei para arranxarlle o mal e por fin todos viron do que era capaz», cuenta emocionada. Aún así, la mujer no se dedicó a componer de forma habitual hasta que falleció su marido. Treinta años componiendo Actualmente, lleva más de treinta años utilizando sus manos ya no para trabajar el campo como hizo toda su vida, sino para solucionar a la gente problemas de huesos y nervios, y siempre sin cobrar y con la humildad que la caracteriza. «Se a persoa ten a vontade de darme algo eu cóllollo, pero eu non cobro nada», afirma. Cuando se le pregunta si tiene muchas visitas diarias, la anciana se escuda tras su enorme modestia: «Iso non cho conto, uns días máis e outros menos», dice con cierto recelo. A pesar de todo, reconoce que a ella acude gente de sitios muy variados. «Famosos xogadores de fútbol pasan polas miñas mans», revela Carmen no sin cierto rubor. Y así es, puesto que el ex-jugador del Deportivo de la Coruña, Martín Vázquez, confirma que visitó a la componedora cuando una lesión de rodilla lo alejó del terreno de juego hace años. Casi nada.