Una abogada alicantina ayuda altruistamente a la joven agredida con ácido por su madre tras oírla contar su drama por televisión
22 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El 2 de octubre de hace dos años, María del Carmen se disponía a declarar contra sus padres en la Audiencia de Pontevedra por las reiteradas agresiones sexuales que había sufrido desde que cumplió los quince años, cuando su madre le arrojó ácido al rostro. Más de veinte meses después de aquella fecha fatídica, la vida de esta joven, que ahora tiene 22 años, se resume, según sus propias palabras, en un ir y venir de los hospitales a su casa y de su casa a los hospitales. En este calvario, María del Carmen Lojo encontró su propia hada-madrina en la figura de una abogada alicantina. La letrada, tras escuchar a la muchacha vilanovesa narrar en un conocido programa de una televisión privada española todas sus vicisitudes, decidió ayudarla dentro de sus posibilidades. En un principio esta ayuda se ciñó al plano económico, pero con el paso del tiempo se forjó una gran amistad entre la muchacha y su inesperada protectora. «Habló diariamente con ella, la veo varias veces al año, y pasamos juntas las vacaciones de Navidad. Además, me suele acompañar en los momentos difíciles, como fueron algunas comparecencias en los juzgados». De la mujer, que prefiere permanecer en el más estricto anonimato, únicamente trascendió que está casada con un cirujano, que tiene varios niños y que «ronda los cuarenta y pocos años». La actitud altruista de la abogada alicantina contrasta con la de algunos familiares de María del Carmen Lojo: «Sólo con mis hermanitas pequeñas me siento bien», aseguró a los micrófonos de Onda Cero Pontevedra. «Con el resto de mis hermanos no tengo ninguna relación. No sé nada de ellos. Ni sé donde viven». Amenazas Pero el drama de la joven no se circunscribe sólo a lo que fueron las agresiones sexuales o el ataque del ácido, ya que tuvo que abandonar dos puestos de trabajo en Pontevedra, como camarera y como cajera en un centro comercial, «por las constantes amenazas que recibía». «Tuve que dejar ambos empleos, pero no quiero ni mencionar lo ocurrido para no tener más problemas». Huyendo de su pasado, y siempre con el apoyo de su compañero sentimental, se refugió en una población gallega desconocida. Sin embargo, esta huida no le permite olvidar lo ocurrido. Las marcas de ácido están ahí, siempre visibles. No es extraño que su mayor ilusión sea la de recuperar la frondosa cabellera que poseía antes de la agresión de su madre. El futuro de María del Carmen Lojo pasa de nuevo por un quirófano. «Me dicen que me lo tome con calma y resignación, ya que son operaciones muy lentas y que avanzan muy poco», apunta. Hasta que llegue el ansiado día en que concluyan las intervenciones médicas, esta joven de Vilanova sueña con un trabajo de camarera que únicamente le coma ocho horas diarias.