Las largas noches del jabalí

La Voz

DEZA

LEANDRO

Los ganaderos viven los ataques a sus cultivos con impotencia y remedios caseros que no funcionan No parece haber remedio. No parece que nadie quiera poner remedio a la relación del agricultor con el jabalí. Ayer sonaba el teléfono desde Saidres, anteayer desde Forcarei. El teléfono suena permanentemente censando los ataques del jabalí a algún cultivo. El agro clama desde la impotencia de una legislación que le ignora o que le manda recados pensados para algún país que no tiene la tierra partida en miles parcelas. Las pérdidas se incrementan día a día mientras los ganaderos siembran donde ya sembraran.

12 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Para algunos males sólo hay remedio en O Corpiño. Alguien podría estar planteando esa peregrinación. Los ganaderos probaron todos los sistemas caseros pero las noches del jabalí son largas. Los agricultores se cansan y el animal no. Es duro acostarse cansado tras los trabajos de siembra y levantarse con los riegos de la parcela abiertos de nuevo y sin semilla. Es frustante amanecer ante el maíz que ayer había germinado y ya no está. Al jabalí le gusta el grano puro, germinado y ya algo crecido. Al productor sólo le cabe volver a plantar y lamentarse mientras se lo cuenta al vecino, al periodista o a su sindicato que son los únicos que le escuchan y lo extienden para que el problema adquiera la dimensión real y traspase las barreras de la sensibilidad de la Administración. Quizá algún día el presidente Fraga de un puñetazo en varios departamentos y pida que se resuelva el problema. Hasta en eso se piensa... No hay método bueno Los ganaderos ya lo probaron todo. El jabalí existe desde siempre y se conoce los trucos más viejos y los más recientes. Los sistemas que provocaban ruidos, el olor a humo al quemar leños o trapos, los disparos nocturnos... pudieron servir pero lo que antes era hambre en el jabalí con daños salpicados parece haberse convertido en una obsesión por comer y con el crecimiento de la cabaña los ataques pasaron de ser daños a comentarse ya como plaga. No hai día sin que haya ataques en diverso puntos de las comarcas de Deza y Tabeirós-Montes. La imaginación llega al punto de colocar un transistor que se pase la noche hablando de modo que el jabalí confunda las ondas con la presencia del hombre. Pero el jabalí tiene olfato y la trampa dura poco. La presencia real de ganaderos paseando en la noche por sus campos de maíz, de patatas o de hierba no sirve, porque las noches son para dormir y hombre y jabalí tienen los horarios cambiados. La solución del pastor, la solución del seguro, la solución de la batida... Los jabatos grandes rompen pastores eléctricos, los pequeños pasan bajo las líneas, las parcelas son grandes, pequeñas y medianas pero cada agricultor tiene muchas porque en este país agrario todavía existe minifundio. Todo apunta a costes de producción y el maíz que se puso de moda como forraje caro pero con valores proteínicos elevados pasa de caro a impagable. Cada grano cuesta el doble o el triple de su valor porque muchos ganaderos ya replantaron dos o tres veces. Con la patata ocurre los mismo. Pero los costes se multiplican porque además del grano está el trabajo, el tiempo de crecimiento perdido, el coste de maquinaria y el dolor de cabeza, que las aspirinas cotizan en el mercado. El clamor crece al ritmo de la desesperación. Los sindicatos reclaman la ley de fauna salvaje y también aquí hay quien piensa que las cámaras agrarias podrían colocar el problema del jabalí como primera aportación a la Administración por si no se enteró de la dimensión del problema. La posibilidad existe porque las cámaras se constituyen el próximo viernes. Rascarse el bolsillo Es seguro que la propuesta tendría respaldo social. La razón no estaría en parámetros de biodiversidad, de evitar la sima que separa la convivencia el hombre y el jabalí. Sí estaría en la frustración que llega desde el destrozo, el trabajo perdido y el rascarse el bolsillo. Es facil de entender el mosqueo. Una hectárea de maíz lleva 90.000 plantas. El grano cuesta unas treinta mil pesetas. Cada hectárea que se replanta duplica el precio de la simiente. Hay quien replantó maíz tres veces. El precio del grano es el valor de estimación más sencilla pero hay que sumarles horas de mano de obra y trabajo que se estiman peor pero tienen costes más elevados. El clamor crece en la larga noche del jabalí.