Rodríguez Feijoo, de Berres, está considerado como uno de los mejores artesanos de instrumentos musicales Conocido tal vez por su mítica gaita de mimbre afinada en si bemol, la primera en su especie y realizada hace ya 16 años, Carlos Rodríguez Feijoó sigue trabajando en su taller de Berres (A Estrada) para mejorar los instrumentos musicales tradicionales gallegos, como gaitas convencionales -y no tanto- y todo tipo de requintas. Aunque aún conserva su gaita de mimbre y siempre la tiene a mano para hacerla sonar frente al visitante, ya pasó a formar parte del baúl de los recuerdos de este hombre inquieto.
01 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Crof, como llaman a Carlos Rodríguez Feijoo, se sale del molde del artesano tradicional. Y es que este hombre nacido en Vedra pero que hace ya mucho tiempo que vive en la parroquia de Berres no se conforma con lo que alguna vez aprendió sobre cómo hacer instrumentos de música. Ante todo, para él, está la constante investigación. «Preparado no debe considerarse nadie. Siempre hay que estar intentando sacar mejores resultados y aclarando cosas. Nunca se acaba. Uno sabe que algo ha retomado de lo que había y tiene que aportar algo nuevo» reflexiona desde sus 58 años. «De casualidad» es lo que más repite Crof cuando se trata de explicar sus orígenes como artesano. A los 17 años un pariente lo convocó para que hiciera jarras y otros objetos de mimbre a destajo para él. Siete meses más tarde Carlos se independizaba y montaba su propio taller en una habitación de la casa de sus padres. Con el tiempo, el pariente que lo había iniciado en el negocio pasó a trabajar para él. «Le era más rentable trabajar para mí porque yo había buscado ciertos adelantos para hacer las cosas con más rapidez», recuerda. Sin embargo, el terreno de la artesanía de mimbre ya estaba demasiado explotado, no podía crecer más a pesar de la incorporación de maquinaria. «Entonces te vas desanimando y empiezas a hacer aventuras. Como no tienes en cuenta ni el tiempo ni el dinero, simplemente te dejas llevar y termina apareciendo algo como la gaita de mimbre», relata. Y el dejarse llevar por la aventura seguramente fue lo que hizo que a los 43 años Crof cambiara el rumbo de su actividad tradicional para empezar a elaborar instrumentos musicales gallegos como baquetas y tarrañolas hasta todo tipo de requintas y gaitas de madera. Eso sí, la gaita, anillada en acero inoxidable para que siempre brille, la produce en quince días como mínimo. El hombre que se sale del molde confiesa que como por casualidad «con las gaitas no empecé pensando en el dinero, sino que como había hecho muchas cosas de mimbre complicadas, decidí complicarme más como si fuera una especie de pasatiempo. Y así salió la gaita que estuvo en muchas exposiciones y ferias de artesanía. Ahí la gente me decía ''qué pena, por qué no hace gaitas de madera''. De hecho, si las quieren es precisamente por ese antecedente. Saben que he hecho una cosa rara y vienen a mí».