Un lobo de sangre celeste

DEPORTES

BALONCESTO

26 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Ricardo Corazón González es el grito de guerra que retumba en el Universitario cada vez que este lobo de sangre celeste salta a la cancha. «Toda la imagen que doy de persona agresiva y temperamental sobre la cancha cambia cuando estoy fuera de ella; soy muy sensible, y moralmente bastante frágil aunque parezca que sobre la pista soy un ogro; la gente que me conoce dice que tengo dos personalidades, una en la pista y otra fuera», señala González, que tras seis años en el regazo de los Lobos de Torrelavega, ayer regresó a su ex-guarida por primera vez desde que mudó la piel. Seguro que no es sencillo borrar de golpe y porrazo una etapa tan prolífera como agradable en la tierra natal. «Por mucho tiempo que pase no se pueden perder las raíces, a pesar de todo lo agradecido que estoy a Lugo, para mí, áquello es mi madre, y un hijo siempre vuelve a su madre», comenta el alero celeste. Tan difícil es olvidar esa etapa como dejar a un lado todas las ideas inculcadas durante seis años por Quino Salvo, mentor y padre baloncestístico del jugador cántabro del Breogán. De los labios de González sólo salen buenas palabras hacia el que considera un monstruo. «Con Quino he pasado de la EBA a la ACB, y con él pasé los momentos más felices de mi vida en el baloncesto. Es un motivador excepcional, y ha tenido una influencia muy grande en mí», reconoce González. «Fuera de la pista -continúa el alero- es el hombre más bendito del mundo y dentro la pista, como entrenador, es lo más perro, ya lo era como jugador, y esa filosofía con 19 años me caló». «La gente dice que me parezco a él; ya me gustaría ser sólo un reflejo de lo que él fue», añade, a la vez que sostiene: «El día que pierda esa agresividad y motivación extra sobre la pista; ese día, seguramente, tendré que dejar de jugar», asegura el hombre que ayer retornó a la bombonera, el Vicente Trueba. «Para mí es como el Boston Garden para cualquier americano. Sólo me faltó llevar la cama, porque pasé más horas allí que en casa».