REGIONAL PREFERENTE El Estradense logró el empate ante el Guardes en el último minuto, apenas un suspiro después del tanto local En el mundo del fútbol muchas veces la distancia entre pena y la algarabía, y viceversa, apenas dura un suspiro. Una circunstancia que se pudo comprobar, una vez más, en A Sangriña. Los rojillos, extenuados tras jugar con diez hombres durante los primeros instantes del partido, doblaban la rodilla a los 88 minutos cuando Suso acertaba a batir a Óscar. Un tanto que otorgaba la alegría a unos y la amargura a los otros. Apenas minuto y medio después los papeles se intercambiaban de forma definitiva.
22 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La suerte sonrió a medias al Estradense. Como suelen decir las personas con experiencia en la vida Dios apreta pero no ahoga. Y nunca mejor dicho, porque la fortuna dio la espalda al Estradense durante ochenta y ocho largos minutos para otorgar una efímera pero gran alegría justo antes de que el colegiado pusiese punto y final al encuentro. Los rojillos, pese a jugar con diez jugadores por una rigurosa expulsión de Manuel Blanco a los veintisiete minutos, gozaron de las mejores ocasiones y se hicieron acreedores a un triunfo que el Guardés, de forma injusta, saboreó durante unos segundos. El tanto de Lalo de penalti servía cuando menos para que los de Javier Oreiro regresasen a A Estrada con media sonrisa en la boca. En un terreno impracticable, compuesto por una mezcla de arena, hierba y barro semiseco, los jugadores de ambos equipos hicieron verdaderos números para mantener la estabilidad. En esa condiciones no es de extrañar que las ocasiones brillaran por su ausencia durante el período inicial. Únicamente se podrían destacar dos acciones de Torres y un disparo de José Antonio. Berto era la opción local. En la reanudación, los rojillos, con una defensa impecable, lanzaron rápidos contraataques que sembraron el pánico entre la hinchada local. Lalo envió al palo, José Antonio, que lo volvió a intentar, y Simal pudieron hacer justicia, pero sus envíos no vieron puerta ante un Guardés que, al igual que durante la primera mitad, trataba de vivir de las jugadas de estrategia y de una genialidad de Berto. Los dos tantos finales dejaron las cosas como al principio.