Los donativos de los transeúntes recogidos en estas construcciones populares se usaban para sufragios y misas Los testimonios de lo popular son variados y abundantes en todo el territorio gallego contribuyendo a enriquecer un bagaje cultural que debemos proteger como parte integrante y esencial de nuestra cultura. En el centro de muchas de estas manifestaciones se encuentran las creencias religiosas, con tan hondas raíces presentan en el pueblo gallego, acostumbrado a las apariciones, recordadas en la literatura, en las leyendas de nuestras gentes, en torno a los difuntos que vuelven para pedir que oren por sus almas.
06 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La idiosincrasia particular de los gallegos hace que se otorgue una gran importancia a los difuntos y a su recuerdo, cuidando su memoria y encargando misas con frecuencia por su salvación. Con este fin nacen unas construcciones populares que hallamos en ocasiones en los caminos de la comarca dezana y, más frecuentemente, en otras comarcas gallegas: los llamados petos de ánimas y los limosneros. Su función era, básicamente, la de recaudar la limosna de los transeúntes para invertirla en misas por las almas de los difuntos. En su frente, contaban en otras zonas con una representación de las ánimas rodeadas de llamas, en madera o piedra, pero en la comarca de Deza ninguno de los que existen representa esta imagen, por lo que, realmente, no podrían ser llamados petos de ánimas, pues no aparecen éstas en su retablo, aunque sí otras imágenes variadas de santos y vírgenes. Donativos en especie Los donativos, tal y como corresponde a la época en que se construyeron, en que la economía se basaba todavía en gran medida en los intercambios, podían ser en metálico o en especie (patatas, grano, castañas, ...). Para recoger estos productos y el dinero, se habilitaba una caja en la que caían los productos que en los petos y limosneros se depositaban. Escaso número en Deza En la obra de Estanislao Fernández de la Cigoña Esmoleiros e petos de ánimas da provincia de Pontevedra se citan en la comarca de Deza siete de estos elementos característicos de la cultura popular, así como otro que considera restos de un panteón funerario o bien una cruz de «home morto» (nos referimos al que se halla en la parroquia silledense de San Miguel de Oleiros). La propia escasez de petos en nuestra zona los hace objeto de especial protección, a pesar de que, normalmente, su construcción es reciente (siglos XIX y XX). Estos siete ejemplares se distribuyen desigualmente entre los seis ayuntamientos de la zona, concentrándose en los de Lalín, Rodeiro y Silleda. De éstos, tres de ellos se encuentran en tierras de Trasdeza. Su estado, en líneas generales, es aceptable, aunque la mayor parte de ellos se encuentran ya sin culto y abandonados y, por tanto, en serio peligro de desaparición por deterioro, tanto de la propia estructura como del entorno.