A Klopp ya le sonríe la suerte

Derrotado en sus seis últimas finales, el técnico del Liverpool ha seducido a Europa con su juego desatado


colpisa

A la tercera fue la vencida. Tras caer ante el Bayern de Múnich en Wembley cuando tutelaba al Borussia Dortmund y sucumbir el curso pasado en Kiev ante el Madrid en su primera final de la Champions con el Liverpool, Jürgen Klopp conquistó por fin la orejona y evitó sumarse a Marcello Lippi (Juventus) como el segundo técnico que perdía tres duelos decisivos de la máxima competición continental. Alejó el germano los fantasmas que le perseguían tras hincar la rodilla de forma consecutiva en seis finales. Porque también había caído en el día decisivo en la Copa de Alemania (2013-14 y 2015-16) con el Dortmund y perdió la FA Cup y la Europa League en el curso 2015-16 al frente de los reds tras alcanzar el último escalón.

Carismático como pocos, Klopp ha seducido al continente con su juego dinámico, agresivo y vertical. Puro rock and roll, se presentó en el Metropolitano dispuesto a librarse por fin del sambenito de perdedor que le colgaron sus detractores. Él nunca lo vio así. Ya es el cuarto entrenador que conquista la Champions al frente del Liverpool tras los tres cetros que abrocharon los reds a la vera del mítico Bob Paisley (1977, 1978 y 1981) y los de Joe Fagan (1984) y Rafa Benítez (2005). El técnico, nacido en Stuttgart, se curtió como preparador en el Mainz antes de poner su nombre en el radar con la eléctrica propuesta que llevó al Dortmund a codearse con los grandes del continente. En su palmarés lucían ya una Bundesliga, una Copa de Alemania y dos Supercopas de Alemania.

Cuatro años le ha costado amasar su primer título con el Liverpool, algo que en ningún momento incomodó a una de las hinchadas con mejor pedigrí de Europa, que hizo temblar el Metropolitano con su celebérrimo You’ll never walk alone.

Por primera vez en sus cuatro últimas finales, el Liverpool comenzaba mandando en el marcador. Klopp celebraba el gol de Salah con la furia de quien tiene el resquemor de las oportunidades perdidas. Pochettino discutía con Skormina por un manotazo a Trippier mientras Klopp gesticulaba sin parar. El germano es puro nervio. Muy cómodos ante un Tottenham sin ideas, los reds contemporizaban a la espera de un segundo zarpazo, agitando mediante la presión, mandamiento de su técnico. Y lo dio Origi.

Anhelaba Pochettino estrenar su palmarés tras cinco cursos en los que ha transformado al Tottenham y le ha elevado por encima de las posibilidades de un club con menos recursos que los poderosos de la Premier. Pero la suerte esta vez sí sonrió a Klopp.

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