Juanjo Brau, fisioterapeuta del Barcelona durante 25 años: «Escondía a Luis Suárez en un parque»
DEPORTES
Trató durante dieciocho años a los profesionales del Camp Nou, no cree en los ejercicios de prevención y admite que al fútbol de élite le faltan escrúpulos
22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Juanjo Brau (Sant Vicenç de Castellet, 1964) empezó a trabajar con la selección española de natación que se preparaba para los Juegos Olímpicos de Seúl 88. Al fútbol llegó como masajista del Lleida que dirigía Mané. Con él que vivió un ascenso a Primera División. En 1997 llegó al Barcelona como masajista del fútbol base. Luego llegaron 18 años con el primer equipo. Con sus manos trató a Guardiola, Messi, Ronaldinho, Puyol o Eto’o, entre una larguísima nómina. Brau creó el departamento de fisioterapia y readaptación del Barça y estuvo al frente en sus últimos siete años en el club.
—25 años en la trastienda del Barça tienen que dar para mucho.
—Cuando llegué, Piqué era alevín. Estuve más de siete años entre la base y el filial. Fueron los mejores. Es un fútbol desinteresado, que permite una parte lúdica y te ayuda a entablar una confianza con el jugador, a entenderlo. Vi el período formativo completo de Fábregas, Víctor Valdés, Iniesta... Cuando los conoces desde niños en profundidad, es más sencillo interpretarlos luego como profesionales cuando llegan las lesiones. Sobre todo en la cuestión emotiva.
—¿Cómo recuerda su paso a la élite profesional en el Barça?
—Yo tenía amistad con Gabri cuando en, septiembre del 2004, se lesionó de gravedad la rodilla. Él acababa de subir al primer equipo. Quisieron utilizarme como intermediario. Vinieron a decirme que daría el salto como readaptador del primer equipo si lo convencía de que se operara en el club. Fue una manera de coaccionarme. Hablé con Gabri y le dije la verdad de lo que había. Si subía, quería hacerlo con todas las de la ley. No de esa forma. Poco después acabé llegando.
—Un chantaje como bienvenida.
—En el fútbol, a medida que vas subiendo, te encuentras con menos escrúpulos. Al fútbol le faltan. Vale todo y depende de hasta dónde tú estés dispuesto a llegar. Tienes que tener mucho cuidado con los mensajes que das y prestar mucha atención a los que te llegan. En función de los límites que pones, hay cosas que ya dejan de proponerte porque sabes que no las vas a aceptar.
—¿Qué ha sido lo más complejo de gestionar en su oficio?
—Siempre he sido partidario de dar información para que no se hagan especulaciones, porque eso le hace daño al jugador. El hermetismo no suele ser positivo, pero a veces tienes que convivir con él. Incluso hay puede venir del propio futbolista, que no quiere que se sepa. A veces tienes que preparar un discurso para el entrenador y otro para el jugador. Estás en el filo de la navaja. Se pasa mal. Y luego están las filtraciones. Que si un familiar, el agente... Una información de Leo (Messi), a los 30 segundos estaba en todo el mundo. Hay jugadores que trascienden Barcelona. Recuerdo la rodilla de Eto’o. Las especulaciones y lo rápido que volaban. O lo que tuve que hacer con Luis Suárez para que no saliera nada. Ni me imaginaba que iba llegar yo a eso.
—¿A qué se refiere?
—Luis vino del Mundial y tenía tres meses de sanción. No podían vernos en ningún lado. No podíamos pisar ninguna instalación deportiva. Me escondía con él en un parque para que pudiera correr, hacíamos series al lado de un río, trabajábamos en una salita. Un secretismo brutal. Un delantero que está tres meses sin rematar a portería y había que tenerlo motivado. No teníamos campo y a veces ni siquiera balón.
—¿Quién le ha sorprendido en su recuperación?
—Aleix Vidal. Tuvo una lesión muy fea en el tobillo. Me dijo: ‘Juanjo, no le digas nada a los médicos, pero yo en cuatro meses voy a estar’. Yo le miraba y pensaba que eso no era posible. Y estuvo. Se recuperó en ese tiempo. Hizo las cosas muy bien y estuvo.
—No todos tendrán la misma perseverancia ni el mismo umbral del dolor.
—Puyi (Carles Puyol) hubo una época en la que sufrió de llagas en los pies. Le molestaban, pero no quería dejar de entrenar un solo día. Me decía: ‘Hazme lo que quieras, pero yo quiero estar’. Me pasaba más tiempo curándole y tapándole las heridas que él corriendo. Pero literal, ¿eh? Necesitaba estar más de una hora de tratamiento para que él pudiera correr 30 minutos.
—¿En qué ha cambiado más su profesión en este último cuarto de siglo en la élite?
—Cuando yo empezaba, el fisio era el que ponía a un tío en la camilla. Hoy hace muchísimas cosas. Hay que estar en permanente estado de alerta para optimizar al jugador y tienes que estar pendiente de todo lo que le rodea. Soy de los que dicen que la prevención, desde un punto analítico, no existe como tal. La prevención realmente es todo, va desde que el futbolista se levanta hasta que se va a dormir, y empieza en una buena condición física. Ya no vale con darle un papelito con diez ejercicios. Eso está obsoleto y de prevención no tiene nada. Un día entró Guardiola en el vestuario gritando: «No quiero que se lesione nadie». Cuando lo escuché me quedé sorprendido. Luego le di muchas vueltas a esa frase, por la profundidad que tenía. Le estaba diciendo a cada jugador que se conociera mejor y, ante cualquier molestia seria, parara. A veces el futbolista se cree que puede tolerar el dolor y luego la realidad es otra.
«Asumí responsabilidades que no debía y eso me mató»
De la nutrida trayectoria profesional de Juanjo Brau ha surgido Lo que el fútbol no ve (Editorial Magazzini Salani), una obra en la que detalla su experiencia.
«Estuve en la época más gloriosa del Barça y viví muchos momentos que no se podían contar. No quería hacer un libro técnico, quería algo desenfadado, que pueda leer todo el mundo», dice.
—Dígame algo que ha aprendido con la experiencia de estos años.
—Que la competición no tiene nada que ver con el entrenamiento. Los estímulos de la competición nunca los vas a tener entrenando, ya puedes hacer los ejercicios que quieras. Hay un factor emocional y de estrés cuando compites que altera todos los parámetros. Y que en el Barça una cosa es trabajar como uno más y otra muy diferente tener responsabilidades. Cuando te pueden señalar, todo se magnifica.
—¿Cuál fue el peor momento que vivió en su etapa en el Barça?
—Cuando peor lo pasé fue en mis dos últimos años. Me vi con la responsabilidad sobre cosas que no debían ser competencia mía, que no debí asumir nunca. Me desgastó muchísimo. Estábamos en un momento caótico en el club, en los servicios médicos también. Lo tuve que hacer para que el problema no fuera mayor. A mí no me asustaba la responsabilidad, me quemó que me mandaran a la guerra sin armas, sin medios. Iba con la manguera de problema en problema para evitar los incendios. Había quién me decía: ‘Juanjo, deja que arda todo’. Pero a mí la desidia no me va y sabía que si ardía todo iba a ser peor. Me vi impotente y eso me mató. Te lo digo con toda transparencia: tuve que pedir la ayuda de profesionales porque la cabeza me estallaba.