Álex Conde, pivote del Attica 21 OAR Coruña: «Esta liga es la peor, es muy perra»

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Álex Conde, durante el entrenamiento del OAR del pasado sábado.
Álex Conde, durante el entrenamiento del OAR del pasado sábado. CESAR QUIAN

El zaguero vigués, que se recupera de su lesión de pubis, pide ayuda a los aficionados al balonmano para el tramo decisivo de una gran temporada

14 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Attica 21 OAR Coruña está en un pequeño bache, lo que otorga mayor calibre a su envite de este sábado en el San Francisco Javier (19.00 horas, streaming de la Rfbem) contra el Benidorm. «Pon por ahí, por favor, que la gente venga a ayudarnos, que la necesitamos». Álex Conde Fernández (Vigo, 1996) insiste, antes de capitular la charla, en pedirle a la afición que no falte. Jornada 24 de 30 para los coruñeses. La temporada entra en la fase en la que se parte el bacalao y Conde lo sabe.

—Tres jornadas sin ganar. No hay drama, pero toca cambiar la inercia.

—La primera vuelta se nos hizo un poco larga y ahora se nos han atragantado un par de partidos. Es menos drástico de lo que parece. El objetivo era salvarnos y estamos mirando hacia arriba. Somos un proyecto de un recién ascendido, pero la mayoría de nosotros tenemos experiencia en la categoría. Eso nos ha venido bien.

—Es su segunda temporada en A Coruña tras la del histórico ascenso. ¿Qué tiene de particular?

—Está siendo muy extraña. No hice la pretemporada por una lesión y llegué al primer partido sin entrenar. Ahora, cuando mejor estábamos, me vino una pubalgia y otra vez llego a los partidos sin apenas poder estar con el grupo. Es una lesión fastidiada. Esta semana he ido entrando. Lo que estoy, lo disfruto. Competimos por el de al lado y eso me encanta. No sé cómo serán los vestuarios del resto, pero este es muy sano.

—Conde y Malid. Dos Álex para una retaguardia solvente.

—Nos entendemos muy bien. Destacamos en aspectos distintos y eso nos ayuda a complementarnos. Él es más fuerte en el uno para uno, con un centro de gravedad más bajo, y se anticipa mejor. Yo, por mi estatura, voy mejor a situaciones de blocaje. En el equilibrio está la virtud. Somos dos tíos a los que nos gusta mucho ver vídeos y hablar de los rivales. En mi piso se están montando unas buenas partidas de catán. Tengo a Malid un poco jodido. Estuvo días sin hablarme, pero creo que lo hemos solucionado (risas).

—¿Qué tal encaja usted la derrota?

—Soy buen perdedor de cara a la galería, pero no es verdad. Lo intento camuflar, y creo que doy el pego, pero la realidad es que desde que empecé a competir lo llevo muy mal.

—¿Qué le trajo al balonmano?

—Hacía fútbol en el Rápido de Bouzas, pero no tenía el mejor pie y me aburría. Mi padre y madre jugaron muchos años al balonmano como aficionados. Mis tíos también. En mi casa es el deporte que se ha seguido siempre. Era cuestión de tiempo, supongo. Empecé en los residuos del Academia Octavio con siete años. Allí había visto a Luka Mitrovic, a Ivan Cupic... gente mítica. Me fui enganchando, pero hasta cadete no jugaba demasiado. Fui ahí cuando empecé a pensar que no era tan malo como creía. El club estaba en problemas, no había apenas presupuesto, y se me presentó la oportunidad de jugar en el sénior. Así debuté en División de Plata.

—Y llegó a la élite con el Cisne.

—Aquello es irrepetible. Casi todos chavales gallegos y de la casa. No cobrábamos mucho tampoco. Fue un grupo de amigos que se puso a jugar y acabó llegando a la Asobal. Estuve ocho años y fue una etapa muy bonita, que un día se acabó. Tampoco te sabría decir el motivo.

—¿Se acabó o se la acabaron?

—Se acabó. Por un cúmulo de circunstancias. El último año fue muy raro, necesitaba un cambio de aires. Salí de la rueda de prensa de mi despedida y a los dos días mi representante me trajo la propuesta del OAR. En una semana estaba cerrado.

—¿Sueña con volver a Asobal?

—Por supuesto, pero no lo planteo así. Yo me levanto cada sábado queriendo ganar. Y sé que cuando gano estoy más cerca de volver. Esta liga es la peor, es muy perra. Del quinto al décimo hay seis puntos. Cualquiera te hace un hijo. Aquí no existe el partido en el que digas que vas sobrado.

—Sus padres estarán orgullosos de que haya llegado a profesional.

—Siguen viniendo a todos los partidos. Son gente del deporte. Tiene también su parte mala y es que en mi casa todo el mundo tiene una opinión. A mí me gusta estar tranquilo después de los partidos y no siempre tenemos la mejor de las conversaciones.