El ADN del Baskonia estaba perdido. Realmente muy oscurecido en estos años de zozobra. Este domingo resucitó el carácter de Vitoria. Querejeta no daba crédito en el palco. Estruendosa caída para el Madrid. No ganar es un fracaso sin paliativos. En esta última década, lo mejor que ofrecieron los baskonistas en la Copa del Rey fue su afición. La más ruidosa, la más numerosa y la que animaba la fiesta dentro y fuera del pabellón. Incluso sin estar su equipo presente en el torneo.
Mérito para Galbiati. Extraordinario. Uso de sus armas al nivel galáctico. Lo mejor, esa sensación de saber cómo llegar a sus jugadores, a sus gladiadores. Sobrevivió al mal día de Howard, que solo apareció cuando el sostén anotador vitoriano, Cabarrot (TLC), enfilaba el banquillo por cinco faltas.
Justísimo MVP del torneo para Forrest. Un alma sin freno. Carácter para encontrar los caminos hacia la victoria. El mate que hace en la cara de Tavares será el recuerdo eterno de este título. Pero no podemos olvidar lo que significó la lucha de Kurucs. El letón tuvo incluso que defender al caboverdiano. Vaya papeleta. Y la pareja de africanos Diakite y Omoruyi, volvieron loco la defensa madridista.
La superioridad blanca por dentro era evidente. Lo dejó claro desde la primera jugada, posteando con Hezonja. Por cierto, vaya Copa la de este croata. Nivel NBA, sin duda alguna. El Baskonia también sobrevivió a dos momentos horribles. El 13-2 nada más saltar al campo y el 40-30 en el segundo cuarto. Apareció el símbolo del club. Jamás rendirse. Nunca.
Y dos tapones de Diakite. Uno en la semifinal frente al Barcelona y otro ayer contra Mario Hezonja. Fue el cerrojado definitivo. Zorionak Baskonia!