¿Qué nos ha enseñado la esquiadora Lindsey Vonn con su participación lesionada en los Juegos Olímpicos de Invierno?
DEPORTES
La violencia de la torsión a 100 kilómetros por hora es brutal, estén como estén los ligamentos
08 feb 2026 . Actualizado a las 20:01 h.La carrera de un esquiador alpino de elite no es fácil. Estadísticamente, a lo largo de su trayectoria, todos sufren al menos tres lesiones que potencialmente pueden obligarles a abandonar la competición. Algunas, incluso, son potencialmente letales. Unos las superan, y otros no. El tipo de lesión y sus posibilidades de resolución -casi siempre, quirúrgica-, su dedicación a la rehabilitación, su resistencia psicológica, y por supuesto, su entorno y la suerte, serán decisivos. Mucha gente quiso ver en la decisión de Lindsey Vonn de volver a la competición después de la cirugía en la que se le implantó una prótesis unicompartimental (sustituyendo solamente la parte externa de su fémur y su tibia, sin tocar el resto de la articulación) en la rodilla derecha una locura; otros, un canto al genio de una deportista dotada como pocas. No en vano, es la tercera esquiadora de todos los tiempos en número de victorias en Copa del Mundo (sólo la superan otra mujer, Mikaela Shiffrin, y el mítico Ingemar Stenmark) y la esquiadora más veterana en ganar una prueba de Copa del Mundo, en el 2025, ya con 41 años. Parece evidente que, a diferencia de otros deportistas, su retorno no estuvo impulsado por necesidades económicas: es un icono para los medios y un valor seguro para los anunciantes, y se calcula que entre premios y patrocinios, ha acumulado alrededor de 60 millones de euros a lo largo de su carrera. ¿Tal vez haya sido el ego de la deportista que tuvo que retirarse forzada por el dolor de la rodilla y que se descubrió al cabo de unos años disfrutando sin ese dolor y viéndose aún con capacidad competitiva? Es difícil de saber, pero lo que está claro es que a lo largo de esta temporada, se logró posicionar como número uno del ranking de descenso nuevamente, y que sin los accidentes que sufrió en la última carrera de la Copa del Mundo y la primera del los Juegos Olímpicos de Invierno, tal vez hoy estaríamos hablando de otra manera. Pero la suerte cuenta, y mucho, en este nivel de competición. Si su hombro no hubiera golpeado contra la puerta a los 12 segundos de descenso, seguramente la historia sería otra, pero la realidad es la que es, y nunca sabremos si esa caída no habría lesionado igualmente su rodilla izquierda aunque no hubiera tenido el ligamento cruzado anterior ya roto, porque la violencia de la torsión a 100 kilómetros por hora es brutal, estén como estén los ligamentos. Es difícil saber por qué ocurrió esta vez, aunque probablemente, en las pruebas de entrenamiento mantuvo su velocidad de descenso justo en el límite de lo que su musculatura podía controlar, y eso le sirvió para ser tercera en la segunda de ellas, pero en el momento de la verdad, cuando todas las rivales aprietan, seguramente quiso ganar unas décimas en la primera parte del recorrido, donde más lenta había ido en las previas, y superó su límite. Una pena, porque a todos nos gusta ver la resurrección del héroe caído, pero en fin, fue como fue.
Hay más esquiadores que han competido con el ligamento cruzado anterior roto, muchas veces por no haber conocido el alcance real de una lesión y tener que participar en una prueba al cabo de pocos días, pero ninguno lo ha hecho de manera habitual. Breezy Johnson, por ejemplo, otra de las esquiadoras de descenso del equipo estadounidense, logró hacer la primer prueba de entrenamiento en Cortina D’Ampezzo tras romperse el cruzado hace 4 años, pero se cayó en la segunda, y después de la cirugía se perdió los Juegos de Invierno de Beijing. Hay que tener en cuenta que por la posición de las rodillas en el descenso y la ausencia de giros del tobillo -los esquíes se gobiernan, sobre todo a esa velocidad, con el cuerpo-, es posible esquiar compensado con la musculatura la función del ligamento cruzado anterior. Es un deporte diferente al fútbol o el balonmano, por ejemplo, donde muchos gestos técnicos requieren pivotar sobre un pie fijo al suelo, lo que genera unas fuerzas de torsión que la musculatura no es capaz de controlar. La rodillera que empleó Lindsey Vonn para tratar de colaborar en su intento es un modelo diseñado específicamente para el equipo olímpico estadounidense hace años, por la enorme cantidad de esquiadores que han tenido con el cruzado roto; es algo más corta en la parte que ajusta a la pierna, para poder colocarse a la vez que la bota de esquí, pero como dice el Dr. Kevin Stone, que fue médico de ese equipo, «no hay ninguna rodillera en el mundo que pueda sustituir el control que proporciona el ligamento cruzado anterior, a menos que atornillásemos la estructura a sus huesos, lo que, por supuesto, no vamos a hacer».
La lesión del ligamento cruzado de su rodilla izquierda eclipsó parcialmente la otra controversia que el retorno de Lindsey Vonn provocó: ¿hasta que punto es seguro y sensato volver a un deporte de impacto y alto nivel después de que te implanten una articulación artificial? Cuando Vonn se retiró en el 2019, lo hizo porque el dolor de la rodilla derecha no le permitía alcanzar niveles de rendimiento competitivos, probablemente más al impedirle entrenar con regularidad que por bloquearla durante las pruebas de competición: durante los 90 segundos del descenso a aproximadamente 100 kilómetros por hora, el nivel de concentración y la adrenalina circulante pueden anular cualquier sensación de dolor en muchas personas, pero si no estás bien entrenado, eso no te sirve para ser competitivo. Ella cuenta que, cuando se vio sin dolor por primera vez en muchos años, fue progresivamente aumentando la exigencia sobre su rodilla, y la pequeña prótesis respondió bien, así que la siguió aumentando, y aumentando, hasta convertirse en un auténtico banco de pruebas para el implante, al llevarlo más allá de lo que hubiéramos pensado que podría llegar. Hay que tener en cuenta también que la prótesis que se le implantó no sustituye la totalidad de la rodilla, si no solamente uno de los tres compartimentos de la articulación, lo que hace que su funcionamiento y las sensaciones del paciente sean mucho más naturales que si se sustituye toda la rodilla. Es evidente que no sabemos qué futuro le espera a esa prótesis, en el sentido de que la exigencia mecánica elevada que ha sufrido puede acelerar su desgaste, pero hay otros ejemplos de deportistas con prótesis que han vuelto a realizar una práctica deportiva de alto nivel, como Andy Murray con su prótesis de cadera. Sin embargo, la mayoría ha bajado el nivel de intensidad de sus deportes o los han modificado, aunque todo depende del tipo de deporte: hay recogido el caso de un triatleta que lleva ahora 38 años con una prótesis de cadera colocada -ahora tiene 81 años- y que en ese tiempo ha recorrido 185.074 kilómetros(según su cuaderno de entrenamiento), sin que se haya producido un desgaste significativo de las superficies de contacto. Cuando su caso fue presentado en un congreso en 1990, todos los traumatólogos presentes -probablemente si yo hubiera estado allí entonces habría hecho lo mismo- le desaconsejaron que siguiera haciendo deporte. Está claro que no les hizo mucho caso, y abrió un interesante melón: ¿si unos fuman, beben o coleccionan enfermedades metabólicas por sobrepeso, por qué no voy yo a poder gastar mi prótesis como me resulte más gratificante?
De alguna manera, lo que la determinación de Lindsey Vonn nos enseña es que probablemente, podemos permitir un nivel de actividad física más elevado en muchos pacientes tras una sustitución protésica si se cumplen una serie de requisitos: mantener una musculatura adecuada, un peso correcto, y una voluntad de disfrutar hoy de un nivel de actividad física gratificante, aunque no sepamos a ciencia cierta si ello va a reducir de alguna manera la longevidad de la prótesis. Pero de cualquier manera, tampoco ninguno de nosotros va a vivir para siempre, y seguro que mantenernos activos ayudará a que nuestra calidad de vida sea mejor; y si puede ser, sin que sea necesario recurrir a una cirugía de recambio de la prótesis. Así que, como siempre, con sentidiño.