Al principio, Dro era un niño introvertido, al que le costaba soltarse con los compañeros, pero a nivel futbolístico, ya se notaba que tenía algo diferente al resto. Tenía una visión distinta, entendía antes el juego que los demás y destacaba, por encima de todo, por la visión de los espacios, además del talento.
Cuando llegó a alevines, tanto él como Pedro Villar comenzaron a destacar muchísimo y, siendo de primer año, ya jugaban con el de segundo. Cuando dio el paso al fútbol once, se confirmó que tenía un talento por encima de lo habitual, y en cadetes se fue al Barcelona. Cuando se marchó, la adaptación no fue fácil, pero cuando arrancó, todo fue rodado.
Esta temporada, quizás me sorprendió que se quedase en el primer equipo del Barcelona. No que hiciese la pretemporada y jugase algún partido, porque realmente es muy bueno, pero tampoco me extraña con el talentazo que tiene. Para cualquier equipo que tenga como objetivo tener la pelota y ser valiente, Dro es un valor seguro. En el verano, estuvo muy bien, y al principio de Liga, se le veía entonado y metido en la dinámica del primer equipo culé.
En cuanto al futuro, siempre es una incógnita, pero debo decir que, en cuanto a talento, no vi nada igual. Lo llevo diciendo desde hace mucho tiempo, y me mantengo. El talento lo tiene, pero en el fútbol influyen cien mil cosas: que te respeten las lesiones, que tengas suerte, que des con alguien que confíe realmente en ti y te ponga. Influyen una serie de factores que nunca sabemos si se van a dar, pero en cuanto a sus condiciones, no tengo ninguna duda. Lo más importante ahora es que disfrute, que se encuentre bien consigo mismo y, a partir de ahí, seguro que el resto vendrá solo. En la escuela del Val Miñor estamos muy pendientes y le deseamos lo mejor.