El brasileño, al que Arabia llegó a tantear con mil millones, lleva 18 partidos sin marcar y el Madrid, sin Mbappé y bajo sospecha, le necesita ante el Atleti
08 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace ahora un año, en las calles de Yeda, la puerta de entrada de los peregrinos hacia La Meca, se multiplicaban las camisetas de Vinícius. Eran los días en los que en las gradas del monumental estadio Alinma se escuchaba a la afición local corear su nombre —y el de Messi, aunque no jugase, pero esa es otra historia— durante los partidos de la Supercopa de España.
Este jueves el peor Vinícius puede salvar a Xabi Alonso. Apenas dos meses después de que el futbolista desafiase al entrenador ante el Bernabéu ante la calculada pasividad del club, uno suma 18 partidos sin marcar y el otro, ahora su valedor en su estadio, donde afloran los pitos, vive permanentemente cuestionado. Los dos se necesitan ante la segunda semifinal del torneo (20 horas, Movistar Plus+ LaLiga) ante un Atlético que desencadenó la primera crisis a finales de septiembre cuando zarandeó por 5-2 al equipo blanco. Otro espejismo. El Madrid está hoy a 4 puntos del líder, el Barcelona, y su rival, a 11.
En octubre del 2024 Vinícius creyó que iba a ganar el Balón de Oro. No lo hizo, en contra de lo que pensaba, pero se sentía capaz de cualquier cosa: despreciar rivales, desafiar a entrenadores, calentar al público contra los árbitros y, también, y sobre todo, jugar muy bien al fútbol. Cerró el 2024 con 32 goles y las mejores cifras de su trayectoria. Cabalgando esa ola todavía llegó hace un año a la Supercopa de Yeda que ganó el Barcelona, en el inicio del fin: solo 13 tantos este pasado año, por los 59 de Mbappé.
Queda lejos el anterior invierno, cuando se filtraron de forma interesada, con el apremiante deseo de soñar otra renovación de un contrato que termina en el 2027, cifras jamás vistas en la historia del deporte. Se dijo que el fútbol árabe estaba en disposición de pagar al Madrid 350 millones por el traspaso y al jugador otros mil por cinco temporadas a su servicio. Nada de eso sucedió.
Tras la marcha de Ancelotti, el entrenador que mejor supo exprimir con un juego de equilibrios el caprichoso carácter del brasileño, Vinícius quiso mantener su estatus. Libró entonces el primer pulso público con Xabi en el clásico, cuando escenificó su enfado al ser sustituido con 2-1 a favor a finales de octubre. Unas semanas después, el Bernabéu ya se había hartado y le despidió con pitos cuando le relevaron con 1-0 ante el Sevilla.
El futbolista reaccionó a su manera: retiró su imagen de las redes sociales con la camiseta del Madrid y la cambió por otra con la de Brasil. Y puntos suspensivos, dejó escritos. Mientras, su entrenador se ve en la obligación de recriminarle su falta de esfuerzo defensivo —como mostraron las cámaras ante el Betis, «hijo de puta, presiona»— y defenderle públicamente. Aunque su racha sin marcar ha ido estirándose hasta tender al infinito.
En esta Champions no se ha estrenado. Lleva solo cinco goles. No marca desde el 4 de octubre. Ni de penalti, como le pasó contra el Valencia, cuando Mbappé le regaló el turno. No parece víctima de la falta de ocasiones o del encaje del nuevo pichichi del equipo. Porque las estadísticas avanzadas de Opta indican que mete muchos menos goles de los esperados (13, por los 20 que debía anotar a la luz de la dificultad de los remates), a diferencia de aquel otro Vini que marcaba más de los que se aguardaban.