La nutricionista Itziar González denuncia al Real Madrid «tras vivir meses en un infierno»

Jesús Falcón SAN SEBASTIÁN / COLPISA

DEPORTES

Imagen del exterior del estadio Santiago Bernabéu, feudo del Real Madrid
Imagen del exterior del estadio Santiago Bernabéu, feudo del Real Madrid Louiza Vradi | REUTERS

La experta en salud y deporte sufrió «un ambiente hostil» y se le impidió trabajar con los jugadores a pesar de las notables mejoras físicas reportadas en el vestuario

19 dic 2025 . Actualizado a las 13:09 h.

Itziar González de Arriba, fisioterapeuta, osteópata y experta en nutrición con una extensa formación académica también en terapia regenerativa e inmunonutrición, ha decidido hablar públicamente sobre su conflictiva experiencia en el Real Madrid, club al que se incorporó hace un año en un momento en que las lesiones musculares eran un problema serio para los entonces dirigidos por Carlo Ancelotti. Tras denunciar a la entidad blanca por despido, relata «el infierno» que vivió durante casi nueve meses en la entidad con el objetivo de acabar con la plaga de lesiones que sufría su plantilla.

González, quien ya había trabajado con éxito en la recuperación de futbolistas como Sergio Canales y varios pelotaris, entre otros deportistas de alto nivel, fue requerida por Dani Carvajal, quien sufría reiteradas lesiones. Así comenzó su contacto, más informal, con el Real Madrid, para tratar también al delantero brasileño Rodrygo Goes. Tras unos meses acepta entrar a trabajar para toda la plantilla bajo la premisa de que «es una petición personal del presidente» y con la promesa de que le van a dejar trabajar con el respeto y la coordinación de los servicios médicos, «algo que es fundamental, pues mi labor incluye una atención completa, suplementos, alimentación, pautas,..», explica al Diario Vasco.

Método propio e integral

Tras recibir el encargo de «implantar mi método, de hacerme cargo de las dietas, incluso en los viajes, los suplementos del equipo, supervisar el bufé de la residencia de la ciudad deportiva y realizar menús personalizados para los jugadores», enseguida percibió la hostilidad de otros trabajadores del club. «Los servicios médicos crean un ambiente hostil desde el minuto uno», recuerda González, quien asegura que el primer día le dijeron que su presencia era «un capricho del presidente, pero que ellos sabían manejarle y que le manipularían para despedirme». La situación degeneró en un ambiente que, según sus palabras, se hizo «irrespirable». Además de no ser presentada ni ser consultada en reuniones, relata haber sido víctima de acusaciones graves, incluyendo la de un robo de suplementos en su primera semana, algo que tuvo que demostrar que no era cierto.

A pesar de los impedimentos, los jugadores que siguieron las pautas de nutrición y suplementos «mostraron mejoras notables»: algunos dejaron de sentir dolores, otros eliminaron calambres, y varios notaron que no se cansaban y podían seguir jugando sin problemas tras los noventa minutos. Este éxito, comunicado por los propios jugadores al presidente, resultó ser sin embargo el catalizador de la escalada del conflicto, generando «un odio de los servicios médicos y del personal del buffet insoportable para mí».

«Me dijeron que si denunciaba me arruinarían la vida y que les daba asco a los jugadores» La experta en nutrición, deporte y salud considera que el principal problema de este conflicto radica en el ego de algunos trabajadores del club: «si el club les quita responsabilidad sobre la alimentación porque no tienen ni idea de adecuarla al deporte de alto rendimiento y me ponen por encima, y los jugadores van mejorando... no pueden soportarlo». González también subraya la falta de cooperación esencial, pues la coordinación de todas las áreas del bienestar del jugador es básica. «He tratado a muchos deportistas de élite y es esencial saber cómo están, si han tomado alguna medicación, si puede haber interacciones con los suplementos,..», explica. Sin embargo considera que en el Real Madrid le cortaron todo contacto con los futbolistas e incluso le instaron a trabajar desde casa, «algo totalmente imposible sin tener acceso a los jugadores, pues necesito saber cómo están, si han sufrido alguna lesión, alguna operación, si están deshidratados o simplemente a qué hora entrenan... no tenía ningún dato de nada». Hasta le llegaron a transmitir que a los jugadores «les doy asco y que no me quieren por allí».

Ante la situación, la dirección del club le pidió que aguantara y recuerda que le comunicó que iniciarían una investigación interna «que resultó en 60 folios y eso que era un resumen». También le transmitieron en un primer momento, respecto a quienes habían actuado así, que «los iban a echar a todos porque es intolerable lo que han hecho». Sin embargo, el 4 de agosto fue informada de la anulación del Servicio de Nutrición. El director de Recursos Humanos le llamó para agradecerle su «trabajo excepcional», pero «me explicó que no habían podido con los médicos».

Aunque le aconsejaron no emprender acciones legales, Itziar González de Arriba presentó una denuncia por despido «a pesar de que me 'aconsejan' que no lo haga y me dicen que no tengo ninguna posibilidad de ganar, y me dicen además que me van a arruinar la vida». Su motivación, explica, no es ganar, sino la verdad: «Yo solo quiero que el presidente, los jugadores y la gente que me importa sepa la verdad».

Malas experiencias en el mundo del fútbol

Itziar González relata que no es su primera mala experiencia con el fútbol profesional, pese a haber tratado con éxito a muchos jugadores. Muchas veces, recuerda, los ha tenido que tratar a escondidas de los equipos médicos, que no confiaban en sus métodos. «Antes de ir al Real Madrid, al que dije que no hasta tres veces, tuve problemas con jugadores de la Real Sociedad a los que afeaban venir a mi consulta», explica.

Ahora, lejos del fútbol, aunque sigue tratando a algunos jugadores de élite de manera individual y al margen de los clubes, reflexiona sobre la factura sufrida aquellos meses a nivel personal: «Lo pasé tan mal que era incapaz de dormir, de hablar, de pensar... no podía ni preparar la comida a mis hijos. Me sentía en un abismo. Y me decían desde el club que no me podía tirar del balcón por si les salpicaba a ellos. Intenté volver a trabajar pero era incapaz de ayudar a nadie, era incapaz de parar de llorar. Y en el club me decían que por mi bien y el de los míos no podía contar nada. Estar en Irún no ayudaba porque todo el mundo me decía que qué suerte estar ahí y yo les decía que era un infierno y me decían que cómo podía decir eso, que Dios da pan para el que no tiene dientes. Solo les interesaba que les consiguiera entradas, camisetas... ¡Y yo no podía entrar ni en Valdebebas! Ahora decide contarlo públicamente: »Cuando no podía más empecé a contarlo y me di cuenta que según lo contaba me iba ayudando a recuperarme, ahora ya me siento mucho mejor y he empezado a trabajar normal, pero desde hace poco tiempo«. Ahora solo piensa en recuperar su trabajo habitual desde su consulta en el centro de Irún y seguir atendiendo a sus pacientes anónimos con el mismo objetivo de siempre, atender de forma integral sus dolencias, para lo cual considera que es básica una alimentación adecuada y personalizada.