De Rutis, a exportar valores de La Masía

DEPORTES

El coruñés Hugo Figueroa, durante una escuela del Barcelona en la localidad colombiana de Medellín
El coruñés Hugo Figueroa, durante una escuela del Barcelona en la localidad colombiana de Medellín FCB

El técnico del Olímpico coruñés Hugo Figueroa forma parte de la Academia con la que el Barcelona traslada su metodología a otros países del mundo

08 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Santa María de Rutis es una popular parroquia en el municipio de Culleredo. De ella toma su apellido, desde 1953, el Olímpico, un histórico con pedigrí en el barro del fútbol coruñés y una nutrida base. Allí jugó Hugo Figueroa Rodríguez (A Coruña, 1998) y allí empezó hace cuatro temporadas a curtirse como técnico, siguiendo la estela de su padre, César, uno de los coordinadores del club. «Me enteré de que el Barcelona estaba buscando formadores para su Academia y les mandé mi currículo. Me llamaron para hacer unas pruebas, pero no pude ir». Era el 2023 y Hugo acababa de romperse el cruzado y el menisco. El año pasado volvió a enviar sus referencias. Y, otra vez, llegó la llamada.

«Fui a su Ciudad Deportiva a hacer unas pruebas. Éramos más de 100 para 24 plazas. Les gustó mi perfil y me seleccionaron». Durante dos semanas, Figueroa estuvo en La Masía impregnándose de la identidad del Barça. «Nos explicaron su forma de trabajar, los mecanismos que utilizan, la forma en la que quieren dirigirse a los niños, su identidad de juego, que se basa en cómo gestionas el balón y los espacios. Inciden mucho en los valores que quieren transmitir, y que resumen con las letras de la palabra heart (corazón en inglés): humildad, esfuerzo, ambición, respeto y trabajo en equipo», repasa.

Este año, a finales de enero, llegó la primera convocatoria. Hugo viajó durante tres semanas con la Academia del Barça a México. «Estuvimos en Hermosillo, Los Cabos y Mérida. Fue un aprendizaje grande. Trabajamos con chavales desde los 6 hasta los 17 años, de niveles muy diferentes». Su labor en la primera expedición fue satisfactoria y el teléfono de Figueroa no tardó en sonar desde la Academia de nuevo. «En marzo volvieron a llamarme para viajar otras tres semanas a Perú, Chile y Uruguay. En los proyectos nunca repetí con las misma gente. Fueron todos diferentes, así cada experiencia es única e impide que te acomodes. Ayuda al crecimiento personal, te obliga a abrirte porque esas cuatro o cinco personas son como tu familia durante ese tiempo y tienes que hacer piña», sostiene.

En julio, La Masía volvió a recurrir a Hugo para su proyecto en Colombia. «Estuve tres semanas entre Medellín, Barranquilla y Bogotá. La experiencia fue muy chula». En sus primeras expediciones, Figueroa percibió, en lo futbolístico, diferencias culturales entre países. «En Uruguay te das cuenta de que es muy físico. En México, en cambio, son jugadores más técnicos, más habilidosos. Inciden más en eso y la metodología deja la táctica en un segundo plano. La experiencia ha sido muy enriquecedora. En Asia, por lo que comentan otros compañeros, la forma de concebir el fútbol no tiene nada que ver con la de aquí», mantiene.

Mientras aguarda con ilusión una nueva propuesta de la Academia del Barça, Hugo Figueroa ejerce en el Olímpico de Rutis como formador de un equipo de infantiles y segundo entrenador del modesto, que compite en la Primera Futgal, «Todas las tardes me las paso en el campo. El fútbol es la ocupación de mi vida».