Gonzalo «Recoba», de Os Tilos a dirigir al Hadjuk Split

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO / LA VOZ

DEPORTES

Robert Matic

En la cantera del Compostela se ganó el apelativo de su compatriota, hizo carrera en el fútbol neerlandés y ahora, como técnico, brilla en Croacia

13 sep 2025 . Actualizado a las 17:25 h.

Gonzalo Manuel García García (Montevideo, 1983) es un uruguayo con corazón compostelano. Cerca de cumplir los 15 años cruzó el Atlántico con su familia para afincarse en Os Tilos, donde sigue teniendo su patria chica y donde residen su hermana y sus padres. En verano vuelve siempre que puede, aunque esta vez ni siquiera ha podido liberar una semana. Encara una nueva aventura futbolista, como primer entrenador del histórico Hadjuk Split, de Croacia. Y ha empezado con buen pie, con un balance de cuatro victorias y un empate en las primeras cinco jornadas.

En Santiago y en Galicia todos lo conocen por Recoba. Al poco de llegar se enroló en las categorías inferiores del Compos, que por aquel entonces vivía el tramo final de su época dorada, y su calidad no pasó inadvertida. Enseguida lo compararon con su compatriota y se sonríe cuando le preguntan al respecto: «Fuera de España nunca fui Recoba para nadie. Pero bueno, es bonito, a mí me hace gracia siempre volver ahí y que me conozcan por Recoba. Me hace sentir más joven, me recuerda a cuando tenía 15 y 16 años».

En octubre cumplirá 42 y lleva media vida como un nómada del balón, primero como jugador y ahora como entrenador. Es una situación que asume con naturalidad: «El fútbol te va llevando sin darte cuenta por sitios que no esperabas, estás en sitios donde no contabas con estar, y es lo bonito que tiene. Planificar cosas en el fútbol es prácticamente imposible».

Como jugador, salió del Compos a la cantera del Madrid, en la época de Arbeloa, Soldado y Jurado, entre otros. Ni contaba con ese paso ni era el que buscaba. Y la experiencia no salió bien, en buena medida porque tenía un problema con una vértebra que le provocó un rosario de lesiones. Hizo carrera en los Países Bajos, donde le diagnosticaron la lesión, y allí pudo mostrar su talento como futbolista. También jugó en Israel y en Chipre, y disputó sus últimos partidos con el Compostela, en la temporada 2016-2017.

Casi de inmediato empezó su etapa como entrenador, de nuevo en los Países Bajos y después en una doble etapa en Croacia, con una parada intermedia en Portugal, en Arouca. La experiencia en el país vecino fue un paso de «mucho aprendizaje», en un club que venía de hacer una gran temporada pero que acaba de vender «a sus dos delanteros, a los centrales y al portero».

Se encontró con una realidad complicada: «Tenían unas expectativas un poco altas. Era un club peculiar. Un hijo del dueño que decidía todo. No era fácil».

Antes había dejado buen sabor de boca en el Istra, en Croacia. Regresó y lo salvó de un descenso al que parecía abocado. El Hadjuk Split ya le tenía tomada la matrícula, volvió a la carga en verano y esta vez las dos partes unieron sus caminos.

Muchas fuentes de inspiración

Como entrenador es partidario de beber en diversas fuentes. Le gustan «el Nápoles de Sarri, el Barcelona y el City de Guardiola, el Liverpool de Klopp...». Subraya que no hay modelos perennes e infalibles: «El fútbol va cambiando, va encontrando la forma de ir contrarrestando lo que se va haciendo».

En ese contexto, desgrana las líneas maestras de su propuesta: «Me gusta un equipo que, primero, tenga control. Puede venir ahí la parte de que me gusta Guardiola. Pero también me gustan que los equipos sean dinámicos, que sean agresivos, que salgan presionando. Sí que me gusta tener la pelota, pero también que si recuperamos en alto, pues ya poder tener una transición rápida al gol. O sea, quiero meter gol, quiero llegar lo antes posible. Pero muchas veces depende de lo que el rival te haga, también de los jugadores que tengas».

Son ideas que trata de trasladar al Hadjuk Split y, aunque lleva poco tiempo, está satisfecho porque el mensaje va calando entre sus discípulos: «Nos gusta se ofensivos, tener la pelota, tener el control, estar organizados para el momento de pérdida, tener presión rápida en el momento de perderla».

Todo ello sin estancarse: «Lo que haces durante un tiempo ya enseguida te lo pillan y tienes que darle una vueltita».

«El Celta no lo tendrá fácil ante el Dinamo de Zagreb»

En noviembre al Celta la tocará visitar al Dinamo de Zagreb, que comparte liderato en la competición croata con el mismo balance que el Hadjuk Split en las primeras cinco jornadas.

Gonzalo García, Recoba, advierte al conjunto olívico de que le esperará un equipo con mucha savia nueva, en proceso de reconstrucción, que está haciendo bien las cosas: «Va a ser difícil. El Dinamo tiene un buen equipo. Invirtió bastante este año, hizo mucho cambio de jugador, una limpia, vamos a decir, de veteranos que llevaban tiempo en el club, tipo Petkovic. Ha firmado a varios jóvenes de 22-23 años que estaban destacando en la competición croata. Hizo una fuerte inversión, habrá invertido más de 20 millones en futbolistas con hambre y futuro. Es un equipo que está un poco en construcción, pero que empezó muy bien el campeonato. Obviamente, el Celta no lo tendrá fácil ante el Dinamo de Zagreb».

El Hadjuk Split es, hasta la fecha, el único que aguante el ritmo impuesto por el conjunto de la capital croata. Y Recoba tiene puestos todos los sentidos en esa batalla, sin hacer planes siquiera a medio plazo.

Quizás algún día pueda retornar al Compostela. Ahora mismo es una hipótesis más cercana a la utopía que a una realidad probable, pero tampoco la descarta: «Nunca se sabe. Nunca me propuse entrenar al Hajduk. Nunca me propuse entrenar al Twente. Son cosas que van surgiendo. Obviamente, al estar en casa, en lo que yo considero mi casa, sería bonito. Pero deberían darse muchas cosas. No es algo que me plantee». Insiste en que «el fútbol te va llevando, y nunca se sabe».

Lo que sí sabe, conociendo bien las dos orillas, es que la vida del futbolista es más sencilla que la del entrenador. Hay «más estrés en el banquillo». Y «lo que sientes en el campo jugando no lo sientes como técnico».