El descenso al infierno del Boavista

DEPORTES

El histórico club luso gestionado por el empresario gallego Gerard López cae por impagos a la quinta categoría mientras la policía registra sus instalaciones

17 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En los 90 años que se lleva compitiendo la liga portuguesa, solo dos veces el título no estuvo entre el Benfica, el Sporting y el Porto. La primera fue un año después de que Alemania capitulase en la Segunda Guerra Mundial. Os Belenenses levantó el trofeo. La segunda y última la protagonizó ya en este milenio el Boavista. El club que fundaron en 1903 los hermanos británicos Harry y Dick Lowe con trabajadores de la fábrica William Graham, en el barrio portuense de Boavista, salió campeón en el 2001. Su técnico era Jaime Pacheco y su capitán el boliviano Erwin Sánchez. Dos años antes habían sido subcampeones. El club ponía la puntilla dorada a una etapa que había abierto Valentim Loureiro, primero como director deportivo y luego como presidente desde mediados de los 70 y al que había sucedido su hijo João dos décadas después. Los ajedrezados ganaron con los Loureiro cinco Copas, tres Supercopas y la ansiada Liga, que supuso un punto de inflexión.

Pelotazo y corrupción arbitral

La primera gran crisis del Boavista vino con la Eurocopa que organizó Portugal en el 2004 y la corrupción que acabó salpicando a João Loureiro. La construcción del nuevo Estádio do Bessa XXI para la cita continental acabó generando un profundo agujero económico en el club, que se vio obligado a vender a sus mejores jugadores. En junio del 2008 el Boavista, que llevaba en la élite desde 1970, fue descendido administrativamente tras verse implicado su presidente en el caso «Silbato Dorado», un escándalo que implicó a varios clubes por coacciones arbitrales en tres partidos de la temporada 2003-04. Loureiro dimitió, pero el club empezó una larga batalla judicial por su inocencia.

La crisis se agravó y, sin dinero para poder conformar un plantel competitivo, el Boavista descendió a la tercera categoría, por la que acabaría deambulando cinco temporadas. En paralelo, el periplo judicial acabó dándole la razón en el 2012, cuando el Tribunal de Arbitraje Deportivo portugués falló en su favor y decretó su readmisión en la élite. El dictamen desató un enfrentamiento entre la Liga Profesional lusa y la Federación que demoró el cumplimiento, pero dos años después de la sentencia el Boavista regresó a Primera y, pese a lo ajustado de sus posibilidades, consiguió la permanencia.

La sanción de la FIFA

En octubre del 2020 la directiva del Boavista aprobó la entrada como accionista mayoritario del grupo inversor Mangrove Capital Partners, propiedad del empresario Gerard López, nacido en Luxemburgo de emigrantes de Riotorto, y que entonces ya poseía el control del Royal Excel Mouscron belga. Lo había tenido del Lille francés, que acababa de abandonar con una deuda de 120 millones, para adquirir posteriormente el Girondins de Burdeos.

Gerard López se puso al frente del Boavista e incluyó entonces en su consejo de administración a un abogado (José Roibás) y un auditor (Carmelo Fraile) compostelanos. La burbuja del Boavista creció en el césped y pinchó en los despachos. Tras pelear por las plazas europeas, la FIFA sancionó al club por sus incumplimientos financieros con cinco ventanas sin fichar. Fue el principio de la debacle.

Tras trece partidos sin ganar, el equipo se hundió en la tabla la pasada temporada. En febrero, cuando expiró la prohibición federativa, incorporó a la desesperada de una tacada a diez futbolistas en paro. Estaba a 9 puntos de la salvación. Volvió a cambiar de entrenador. «Jugar con un cuchillo en la garganta no es fácil», admitió Stuart Baxter cuando asumió el banquillo. El Boavista llegó con un hilo de vida a la última jornada ante el Arouca, pero consumó su descenso.

El tercer club quebrado

El club anunció que estaba inmerso en «una coyuntura económico-financiera de extrema complejidad, cuya viabilidad inmediata se ha vuelto inviable». La pasada semana, la Comisión de Licencias de la Federación de Fútbol de Portugal determinó, en base a las deudas millonarias contraídas y a la falta de certificados fiscales y de seguridad social, que el Boavista no cumple con los requisitos para inscribirse en la segunda, la tercera, ni en la cuarta categoría. Lo relegó a la quinta, los campeonatos de distrito, el nivel más bajo del fútbol portugués. Este martes la Policía Judicial llevó a cabo una serie de registros en sus instalaciones en el marco de una investigación por posibles irregularidades económicas.

La del Boavista es la tercera experiencia de gestión de Gerard López que embarranca en lo financiero. El Royal Excel Mouscron belga quebró en el 2022 y el Girondins Burdeos descendió a la cuarta división francesa hace un año a causa de los impagos.

Gerard López, a la izquierda junto al expresidente del Boavista Vítor Murta, en el Estádio do Bessa XXI
Gerard López, a la izquierda junto al expresidente del Boavista Vítor Murta, en el Estádio do Bessa XXI

De subastar sus trofeos, a tener cortada la luz en el estadio

Como consecuencia de la demanda colectiva que un grupo de antiguos empleados del Boavista presentó por impagos en el 2011, se le embargaron al club los nueve trofeos que llevaba conseguidos en su ya centenaria existencia, entre ellos la histórica Liga ganada una década atrás.

El Boavista logró hacer frente a esa deuda y recuperó años después los galardones, pero en enero del 2024, como consecuencia de la grave situación financiera que atraviesa, los juzgados de la ciudad portuense abrieron un plazo para la subasta pública de los trofeos. Establecieron un precio de partida de 7.250 euros.

La puja por lo más granado de su historia fue el síntoma de una decadencia que solo hizo agravarse. El pasado abril, los impagos a la empresa proveedora provocaron, según publicó el diario deportivo A Bola, el corte de la luz en el Estádio do Bessa XXI. Una situación que obligó a interrumpir la venta de entradas. Los futbolistas tuvieron que mudarse a Esmoriz, a 30 kilómetros al sur de la localidad portuense, para poder entrenarse.

Tras su consumarse su descenso, el club hizo pública su situación de insolvencia. Según el sensacionalista Correio da Manhã, el diario más vendido de Portugal, como consecuencia de los registros policiales de esta semana, seis personas vinculadas al Boavista habrían sido imputadas por fraude fiscal, blanqueo de capitales y planificación fraudulenta de la insolvencia.