Paso atrás en el proyecto de Koeman

El Barcelona se mostró frágil en defensa, le falta juego y tan solo la frescura de Ansu Fati y Pedri o los chispazos de Messi le dan algo de aire y esperanza

DAX via ZUMA Wire

Y en medio de la guerra de trincheras del Barcelona llegó el clásico al Camp Nou, aderezado por una inoportuna entrevista de Piqué criticando a la directiva, agrietando el vestuario, pidiendo que el Camp Nou pase a denominarse campo Leo Messi y, de paso, asegurándose una retirada honrosa en el club a los 37 años. Con esta tormenta perfecta llegó el Madrid al derbi, en un mal momento, pero el Madrid es el Madrid. De nuevo apareció la flor de Zidane y los del Bernabéu se llevaron el partido con solvencia. Una victoria balsámica para los blancos, que deja una nueva herida abierta en el Barcelona.

Paso atrás del proyecto de Koeman, de ese fútbol con criterio, con aroma holandés, que no acaba de aparecer. El Barcelona, que busca la esencia perdida, ya no tiene la posesión del balón, que era su mejor defensa, y sufre atrás. Arriba, tan solo la frescura de Ansu Fati, que cada partido que pasa confirma que es un proyecto de futuro, así como las apariciones de Pedri (esta vez más inclinado a tareas defensivas que a desbordar), alegran un poco la vida a los aficionados culés, que han visto como su equipo se ha venido abajo tras el triplete del 2015.

Messi mejora, parece que ha superado el bajón y comienza a dar pinceladas de lo que fue para el Barcelona y el fútbol mundial.

Koeman es atrevido. Dejó en el banquillo a Griezmann y echó mano de la guardería, de dos chavales con 17 años, frescos, atrevidos, sin complejos y que marcan el camino hacia el futuro. Son los brotes verdes. Situó a su equipo con un 4-2-3-1 sorprendiendo con un Ansu Fati de delantero centro (funcionó bien), con Messi de media punta y Pedri y Coutinho por bandas. Planteamiento atrevido y buscando ganarle la espalda a Casemiro, el gran tapón del Real Madrid. Este sistema se transformó en un 4-4-2 a la hora de defender.

Juego y orden

El Barça de Koeman es un equipo en construcción, al que claramente le falta cocina. Busquets y Frankie de Jong apenas intervienen en el juego y de ahí que el equipo ofrezca muchas veces la impresión de que le falta orden y que no juega a nada. La meta es llevar el balón a los de arriba, como se pueda, para que resuelvan.

Además de la posesión y de la creación de juego, el equipo sigue teniendo un gran problema defensivo, es especial por el centro. Piqué ya no es que era y Lenglet tampoco es un central con garantías. El francés estuvo a punto de provocar un penalti sobre Casemiro en la recta final de la primera parte y en la segunda mitad agarró a Sergio Ramos, un penalti de VAR, que supuso el 1-2 y que el Barça, frágil como el cristal, se rompiera en mil pedazos tras una aceptable primera parte.

Tan solo Alba, que sigue sorprendiendo con sus entradas por la banda sin balón (el Madrid lo sabe, pero así llegó el gol del Barcelona) y Serginho, que tiene las piernas frescas, ayudaron a que la renta del Real Madrid al final del encuentro no fuera mayor. Y Neto, el portero, que evitó goles cantados de un Real Madrid que ya campaba a sus anchas en el área blaugrana en la recta final del choque.

Los cambios, tarde

Koeman no hizo cambios hasta la recta final del choque. Griezmann tuvo tan solo diez minutos para reivindicarse, aunque no los aprovechó y tampoco se notó la entrada de Dembelé, Trincao o Braithwaite. La derrota del Barça está ahí, otra más. Se salva la primera parte, se puede montar polémica con el VAR, pero lo claro es que Koeman todavía no ha dado con la tecla de su proyecto. El equipo, por momentos, pierde el norte y deja claros los problemas a resolver.

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