Rubén de la Barrera crece entre leyendas

El coruñés dirige al Viitorul rumano, del que Hagi es dueño y Popescu presidente

De izquierda a derecha, Hagi, Rubén de la Barrera y Popescu en la presentación del entrenador.
De izquierda a derecha, Hagi, Rubén de la Barrera y Popescu en la presentación del entrenador.

El mar Negro ha sido, desde siempre, un caramelo geoestratégico y comercial. Turquía ha sabido explotar por el sur la conexión mediterránea a través del Bósforo, blindándola en el derecho internacional. Los rivales son duros. Por el norte, Rusia y Ucrania pugnan desde el 2014 —primero con metralla, ahora desde la diplomacia— por Crimea, la puerta septentrional al mar de Azov. El resto (Bulgaria, Georgia y Rumanía), procuran estar tranquilos.

Constanza es la joya marítima del país rumano. El puerto comercial más importante del país y principal destino del turismo de playa. A tres cuartos de hora en coche de allí, nació Gheorghe Hagi. Con lo del Maradona de los Cárpatos se equivocaron de gentilicio. La cordillera queda a cientos de kilómetros de su hogar. Su casa está frente al mar, y tras una carrera de élite en el fútbol europeo —que incluye Madrid y Barcelona—, lleva inmerso desde el año 2009 en un proyecto futbolístico en la Primera División del país que persigue dos objetivos: formar jugadores jóvenes para el futuro y competir. Un club, el Viitrorul de Constanza, que este año tiene a un gallego a los mandos.

«Viitorul en rumano significa futuro», explica Rubén de la Barrera (A Coruña, 1985), el entrenador. Desde Rumanía detalla el modelo de la entidad y el proceso para poder dar guerra al tiempo que se forman futbolistas por los que sacar tajada en el mercado. «Es un club que vive de traspasar jugadores. Hace un mes traspasamos a un chico del 2002 a la Fiorentina. Y por ahí vamos, intentando complementar los dos grandes objetivos», explica. Un modelo en Rumanía similar al que desarrollan equipos como Ajax o Dortmund en sus respectivos mercados.

Hagi, Popescu y Rubén

El coruñés recibió la llamada del propio Hagi para convencerle de ponerse a los mandos de este proyecto por el que sintió ciertas reticencias en un principio. «Si no se hubiese producido la llamada de Giga Hagi no estaríamos teniendo esta conversación», reconoce.

Pero Rubén está contento. Ilusionado con un nuevo paso en una carrera que empieza a ser nutrida. Está bien rodeado. No es solo Hagi. El club lo preside Popescu, otro clásico noventero de la Liga española. «Estoy rodeado de dos auténticos mitos del deporte rumano, de dos leyendas. Hagi Madrid y Barça, Popescu Barça... Esta experiencia se enriquece por su presencia. El contacto con ellos es permanente», dice sin atisbo de arrepentimiento de la decisión de explorar el fútbol rumano. Y la saga sigue, el hijo de Popescu, todavía juvenil, ya entrena con el primer equipo.

Rubén de la Barrera heredó el banquillo del propio Hagi, que hasta este curso compaginó la gestión con el área técnica. Pero ya no, y hacía falta sustituto. La sombra de Gica es alargada, pero el coruñés ha caído de pie en el vestuario. «La verdad que estoy sorprendido porque el recibimiento ha sido increíble y se ha generado un sentimiento de unidad y familia entre todos los que conformamos el primer equipo. Se está construyendo un vínculo importante», relata.

El campeonato ha empezado bien. Sin grandes alardes clasificatorios, pero sí habiendo rascado puntos a muchos de los equipos que el año pasado se clasificaron para el play-off por el título —ayer sumó un triunfo para asomarse a la parte alta—. «Ojalá podamos pelear por entrar en ese grupo de seis equipos que se clasifican para las eliminatorias, es un reto bonito», comenta De la Barrera sin perder de vista las prioridades de un club que ya alimenta las categorías inferiores de la selección.

El banquillo de un equipo que ya ha sido campeón

El Viitorul es un club de reciente creación, pero ya acumula en sus vitrinas un título de Liga y una Copa. Pero desde el club, saben que los trofeos este curso, a falta de que el fútbol dicte sentencia, son para otros. Aquel campeonato del 2017, queda lejos. «No hay continuidad de las plantillas de una temporada a otra, se producen muchos movimientos en los equipos entre campaña y campaña. El éxito es cuestión de que un año coincida una generación importante que te permita estar en condiciones de competir contra Steaua, Cluj o Dinamo, equipos tradicionalmente con peso», explica Rubén de la Barrera, que ha hecho un máster acelerado en el fútbol del país. Su sintonía con Hagi es total. «Hablamos el mismo idioma», dice aclarando que, a diferencia de los jeques que buscan un juguete, la leyenda rumana sabe lo que se hace.

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