Javier Gómez Noya: «Competir sin público no es lo ideal, pero estoy dispuesto a hacerlo»

Instaló una piscina desmontable en su jardín, evita «locuras» en carreras virtuales y asume el parón como el de un trabajador más


Además de sus cinco títulos mundiales y cuatro europeos y de su plata olímpica, la vida de Javier Gómez Noya (Basilea, 1983) le ha enseñado a ser paciente. Por eso el confinamiento de la pandemia le coge con una piel curtida en la resistencia: ante lesiones sin diagnóstico claro como la que precedió a Pekín 2008, la fractura de codo que le apartó de Río 2016, o la prohibición de competir siquiera cuando era ya una estrella adolescente. En su casa familiar de Pontevedra estos días trata de aprender algo más de guitarra a través de internet, lee Sapiens. De animales a dioses, de Yuval Noah Harari, «una visión interesante del paso del hombre por el mundo», y se entretiene con documentales como el del equipo Movistar, reportajes como el de Informe Robinson sobre el nadador Rafa Muñoz y series como La Casa de Papel. A través del teléfono, repasa el incierto escenario al que se enfrenta el triatlón mientras añade a sus entrenamientos una piscina desmontable de jardín.

—Acostumbrado a entrenamientos muy exigentes, ¿ya ha cambiado algo su cuerpo en estas cinco semanas encerrado?

—Un poco sí. En la primera semana en casa aún traté de acercarme al plan a rajatabla, como si fuese a competir en abril, pero ahora ya veo que esta situación va para largo y no tiene sentido machacarse. Es mejor dar un respiro al cuerpo y relajarse a nivel mental. Trato de mantener el tono muscular, pero ya no estoy como hace un mes, es algo buscado.

—¿Ha variado la dieta? ¿Se permite ahora algún detalle fuera del plan habitual?

—Es un momento de estar relajado. Así que intento comer sano, pero sin cortarme demasiado. Lo más importante es eso, estar sano y tener el cuerpo preparado para cuando vuelva a haber objetivos, con un entrenamiento apropiado para luego entrenar duro. No soy partidario de hacer locuras ahora en carreras virtuales.

—¿Sigue con los entrenamientos en su casa con el rodillo de la bici, la cinta de correr y ejercicios de gimnasia?

—Sí, en total haré unas tres horas diarias. Ahora tengo una piscina de esas de niños (ríe). Costó conseguirla. Es de tres metros y medio de diámetro y 1,20 de profundidad. La llenamos en el jardín y el agua está bastante fría, así que me meto con neopreno, atando una goma al borde de la piscina, por lo que la sensación al nadar es bastante real: trabajas bien la brazada, estás en contacto con el agua, aunque se sienta más dura, al no avanzar. De esta forma mantienes el gesto de la brazada de una manera más real que haciéndolo fuera con gomas. Lógicamente, entrenar ahí no es lo mismo que hacerlo en una piscina normal, pero sí que ayuda. Nunca me habría imaginado que algún día haría eso.

—¿Qué opinión le genera toda esta situación?

—Esta es una situación nueva para todos, gobernantes, ciudadanos, y a posteriori seguro que pensamos que se podía haber previsto todo antes y hacer las cosas de forma distinta, pero me imagino que no es fácil. No tiene sentido pensar ya en el pasado, sino aunar fuerzas ahora y remar en la misma dirección para salir cuanto antes. Todos debemos asumir esto desde nuestra posición: los ciudadanos estar en casa, los sanitarios y las fuerzas de seguridad trabajar duro como están haciendo en primera línea y los dirigentes marcar el camino asesorados por científicos.

—Pasó nuestro invierno en Nueva Zelanda, donde el coronavirus es hoy aún anecdótico, y llegó a España y se desató todo.

—En Nueva Zelanda se hablaba de lo que pasaba en Italia, y en China, por supuesto, pero allí apenas había casos. Aunque luego ya tomaron medidas muy drásticas de confinamiento pese a que entonces solo tenían uno o dos muertos, mientras que ahora son nueve, con la cifra estancada. Pero sí, llegué aquí y en solo una semana entramos en estado de alarma. Fue un cambio radical por la incertidumbre de no saber hasta dónde llega esto. Sí está claro que no es una gripe, como se dijo coloquialmente.

—¿Qué saben de los organizadores de las principales pruebas?

—La federación española, que sí está en contacto con la internacional (ITU), y el CSD nos reunieron en videoconferencia a los que estamos en la pelea por ir a los Juegos para explicarnos lo que saben. Ven posible que en España las competiciones empiecen en el último trimestre del año, y a nivel internacional depende del país, pero hay muchas más dudas por los viajes.

—Este año su prioridad era rendir en distancia olímpica por los Juegos, y luego en ironman y 70.3. ¿En qué piensa ahora?

—La ITU baraja hacer un Mundial de un solo día, como hace años, porque va a ser imposible un calendario como el de las Series Mundiales. Y Ironman, en cuanto al Mundial de Hawái y el 70.3, sigue dándole vueltas al proceso de clasificación. El Mundial 70.3 sí parece factible al ser a finales de noviembre en Nueva Zelanda, y sigue en pie. Si se celebra el ironman de Hawái con seguridad y no hay temporada de la ITU, me plantearía prepararlo, pero si no hay uno, no creo que haya el otro. Ni lo hablé aún ni siquiera con mi entrenador, [Carlos David Prieto]. Yo estoy a la espera de las decisiones de los demás para fijar mis objetivos este año. Y para el siguiente, con los Juegos, hay mucho tiempo.

—Su idea era despedirse de los Juegos, pero centrarse en Tokio en el 2021 hará que no prepare de forma específica el ironman hasta el 2022.

—Tendré un año más y eso no me beneficia para competir en los Juegos. Decidiré cuando esté más claro todo el calendario.

—¿Contempla competir sin público como mal menor?

—Sí. No es lo ideal competir sin público, pero estoy dispuesto a hacerlo si se dan condiciones de seguridad y hay una buena cobertura televisiva. Ojalá fuese posible competir con gente, pero es mucho más complejo ahora.

—El fútbol ya se prepara para entrenar el 4 o el 11 de mayo con el visto bueno del CSD.

—Sería un avance. La industria del fútbol mueve mucho dinero y la querrán tener parada lo mínimo. Esperemos que todos podamos volver pronto a la normalidad, aunque la normalidad va a ser otra.

—España es uno de los países más restrictivos. ¿Entiende que no se permita el deporte en solitario al aire libre?

—Las diferencias entre países son chocantes, y parece que el riesgo así sería poco. Pero no soy científico y la gente de la calle debemos seguir sus indicaciones.

—Como profesional, la ausencia de premios y de bonus de patrocinios también es un palo gordo.

—Sí. Y conocemos varias empresas del mundo del triatlón que lo pasan mal y están recortando. Las marcas no venden, la industria está parada y todo el sector lo nota.

—El confinamiento les sitúa ante un escenario de incertidumbre. A nivel mental, ¿cómo lleva esa ansiedad?

—Bastante bien. Al principio estaba más estresado al querer entrenar bien, no poder y ver que en otros países sí podían. Pero al final te relajas, ves que este problema trasciende al deporte y afecta a todo el mundo. Jamás nos habíamos visto nadie en una situación así.

—Su mujer iba a viajar a España poco después desde Nueva Zelanda, pero ya no pudo.

—Ella venía tres semanas más tarde, pero ni España era el país más seguro al que viajar ni había la seguridad de que llegase por las restricciones en los vuelos, así que decidimos que se quedara allí. Ella está bien allí y sus amigos y su familia también.

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