Vino a casa por el año nuevo chino y lleva tres meses sin poder volver

Mario Peso llegó a finales de enero y tuvo que cancelar dos veces los vuelos de regreso. Espera que China le permita viajar


Mario Peso aprovechó el nuevo año chino para venir a visitar a su familia y amigos. Serían 15 días de descanso aprovechando las vacaciones escolares en el país asiático. Nunca se imaginó que tres meses después seguiría en Galicia sin fecha previsible de vuelta. «A finales de marzo me compré los billetes para el 6 de abril, pero esa misma tarde ya tuve que cancelarlos porque China anunció que no dejaba entrar a extranjeros en su país», comenta Peso, que está en Ponte Caldelas junto a su novia, de origen egipcio, y que también es profesora en China.

Ellos no viven en Wuham. Están a unos cuatro horas en tren rápido del epicentro de la pandemia, pero no conocieron la realidad de su país hasta que aterrizaron en París para hacer escala en su viaje de ida y vieron la repercusión mundial de la expansión del virus en China. Llegaron a casa de los padres de él y fueron viendo como poco a poco llegaba a Europa y alejaba más las opciones de regreso.

El primer mes, Mario Peso estaba convencido de que todo iría muy rápido y era positivo, pero cauto. Reconocía que estaba mejor aquí, pero los días han ido pasando y ahora necesita volver a la normalidad. «Nuestro traductor dice que en la ciudad en la que trabajo todo ha vuelto bastante a la normalidad, pero el colegio iba a empezar esta semana y ahora lo han pospuesto al lunes 27 de abril y no prevén acabar el curso hasta agosto», explica Peso, que espera que desde allí abran la fronteras a extranjeros para poder regresar. «Vinimos solo con una maleta a pasar unos días y tenemos todo allá», comenta Mario. Ahora espera que antes de junio pueda volver, pero también reconoce que «cuando la cosa se puso peor, también pensaba ‘que me coja aquí, rodeado de mi familia y amigos’».

Dos años entrenando en China

Mario Peso hace dos años que se fue a China, concretamente a la ciudad de Kaijiang, cerca de Chengdu, en la provincia de Sichuan. Hizo las maletas para iniciar una nueva aventura en algo que le apasiona, el fútbol.

Desde que llegó trabaja en un colegio de esa localidad y esta es la primera vez que está tanto tiempo sin actividad, lejos de sus alumnos. La incertidumbre de no saber cuando va a pasar todo empieza a pasar factura en el ánimo. A esas dudas se suma una nueva, que no llega a preocuparle, peor sí le inquieta. Sus compañeros que pasaron en China el confinamiento alertan del repunte del racismo contra los extranjeros. «No me preocupa porque si no me dejan entrar en un sitio, me iré a otro», explica Mario, después de que conociese que a un amigo suyo británico, que lleva dos años en China y al que el control de salud que llevan en los móviles le salió verde, no lo dejaron entrar en un centro comercial. «A ver que ocurre, estoy tranquilo», confiesa.

Mientras espera su regreso, pasa las horas entrenando y estudiando. Eso sí, un ojo lo tiene en lo que ocurre aquí y otro, en China.

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