Raquel Bonilla, de campeona de España de tenis de mesa a cajera en primera línea de batalla

DEPORTES

Dejó el tenis de mesa de élite para acceder al mercado laboral y se estrenó como cajera en un supermercado días antes de la irrupción del COVID-19

06 may 2020 . Actualizado a las 18:04 h.

Todo lo que tiene Raquel Bonilla se lo ha ganado a pulso, desde que con 14 años dejó su Asturias natal para irse al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat con una beca de la Federación Española de Tenis de Mesa. Cerró esa etapa a los 17 años y entre las varias propuestas que tenía sobre el tapete escogió la del club compostelano del Arteal porque era el que más facilidades le daba para compatibilizar el deporte con los estudios de Magisterio.

Acertó, porque completó un ciclo de diez años al más alto nivel. Ganó dos medallas de oro en el Campeonato de España en la modalidad de dobles. Se acostumbró a pasar por el podio en individuales, si bien se quedó sin poder subirse al cajón más alto. Con el Arteal jugó en la Superdivisión y disputó la ETTU Cup, la élite continental. Difícilmente olvidará la última eliminatoria, ante el conjunto ruso del Taganroj, a orillas del mar Azov. «Aquel viaje fue una odisea, tres días ente coche, tren y avión, y no sé cuantas escalas», apunta Raquel Bonilla.

Ella y sus compañeras Tatiana Garnova y Roxana Iamandi llegaron a destino a las dos de la madrugada, libraron el partido de ida de la eliminatoria sin apenas tiempo para descansar y emprendieron la vuelta.

Primero simultaneó el tenis de mesa con la carrera universitaria. Al terminar sus estudios encontró trabajo en un comedor por las mañanas. Pero los llamados deportes minoritarios, incluso al más alto nivel, producen mucha satisfacción y rinden pocos dividendos. Esa ecuación acaba por resentirse en algún momento.

Es lo que le sucedió a Raquel Bonilla la pasada campaña. Decidió que sería la última, que tenía que dar un giro: «Con 17 años las preocupaciones son unas. Pero creces, te quieres independizar, el dinero no te llega y tienes que hacer algo».

Había que darle la vuelta a la ecuación. El tenis de mesa le sacaba mucho tiempo, sobre todo los fines de semana en los que el Arteal jugaba a domicilio, a menudo con largos desplazamientos en coche. En ese contexto tenía difícil encontrar un trabajo.

«Me busqué una nueva vida —resume— y creo que me ha salido bastante bien». Formar parte del programa de la Xunta Eu son DGAN, una iniciativa que pretende ayudar a los deportistas de alto nivel a acceder al mercado laboral, le abrió la primera puerta. «Conseguí un empleo a tiempo parcial en una tienda de deportes», apunta Bonilla. Hasta febrero, porque buscó una ocupación de jornada completa y la contrataron en un supermercado.

Experiencia impactante

Y ahí empezó una nueva etapa. En pleno proceso de adaptación, todo cambió con el COVID-19: «Los primeros días fueron una auténtica locura, no había asistido a nada igual en la vida, viendo la ansiedad de la gente y cómo se vaciaban las estanterías del supermercado. Impactaba».

Al coronavirus le tiene respeto, pero no deja que le mine el ánimo: «Sorprendió a todo el mundo. Enseguida nos facilitaron guantes y mascarillas, incorporaron más personal para limpieza, y más seguridad para controlar el aforo. Ahora también tenemos gafas y han instalado mamparas. La verdad es que estoy muy contenta».

Reconoce algo de nostalgia de su vida anterior como deportista, pero la da por superada: «Fueron tiempos muy buenos y bonitos, el tenis de mesa lo ha sido todo. No obstante, creo que lo dejé en el momento justo, necesitaba otra versión».