Mathieu Kamba, el chico del que todos hablan

El alero llegó al Leyma sin hacer ruido y es en una de las revelaciones de los coruñeses que hoy visitan al Oviedo


Pese a haberse criado en Canadá, Mathieu Kamba (Zambia, 1995) se queja de la abundante lluvia coruñesa y se ha acostumbrado a ir acompañado de un paraguas que malamente cubre sus casi dos metros de altura. Se queja, pero está contento. El alero, que está promediando 10,7 puntos por partido esta temporada, con un poco de ayuda recuerda su primera vez en A Coruña. Fue la pasada temporada, hace escasamente un año, con Kamba enrolado en las filas de un Araberri que disfrutaba de su fugaz experiencia en LEB Oro. En aquel partido, Sergi Pino fue el MVP de la jornada y la crónica de La Voz de Galicia destacaba la labor del hoy jugador naranja en los visitantes, que se fue hasta los 13 puntos: «Solo Nkogolo Kamba mantuvo en el partido al Araberri». El Básquet Coruña se llevó aquel choque, los vitorianos descendieron a final de temporada y equipo y jugador se despidieron hasta la próxima. La próxima fue este verano.

Trece meses más tarde de aquel partido, Kamba ha encajado perfectamente en el puzle de juego rápido y físico de Sergio García y es el jugador revelación de la plantilla coruñesa sorprendiendo a afición, rivales y compañeros. Álex Llorca, último en llegar, lo señala como el compañero que más le ha sorprendido. Con él brillando, el equipo está tercero.

No le han regalado nada. Es habitual ver a Kamba quedándose un cuarto, media hora o cuarenta y cinco minutos más sobre el parqué al finalizar el trabajo diario. «Después del entrenamiento, si siento que mis sensaciones con el tiro no son buenas, trabajo en el tiro. Si veo que mi manejo no ha sido bueno, trabajo con el balón. Creo que la constancia hace mejores a los jugadores y hace más fácil que lo trabajado se reproduzca en los partidos», explica. Este verano, tras acabar la temporada en Vitoria y cuando toda la Liga se fue de vacaciones, él cogió rumbo a Canadá para seguir compitiendo en la Liga de su país. «Lo hice porque quería seguir jugando, seguir mejorando mi juego durante el verano, mantenerme en forma y conservar mis dinámicas de tiro. No quería perderlas, además estaba a dos horas de mi casa, así que no estaba tan mal», explica sin ponerse medallas. ¿Se considera un trabajador duro? «Supongo», responde de nuevo sin alardes.

Otro duelo clave en Oviedo

Kamba y el resto de sus compañeros buscarán esta tarde (18.30 horas) romper el maleficio que los coruñeses arrastran en la cancha del Oviedo, a quien después de siete visitas todavía no han logrado ganar en su feudo. Con los naranjas terceros en la clasificación, una victoria supondría estar más cerca de certificar su presencia en el las eliminatorias por el ascenso. «Ahora mismo estoy concentrado en asegurar el play-off y una vez que eso se consiga nos centraremos en todo lo demás», dice el alero. Todo lo demás son los sueños en talla XL. Pero los asturianos (16 º), necesitados de triunfos y sumidos en una temporada decepcionante, recuperan efectivos para la visita del equipo de Sergio García. Y estrenan nuevo técnico: Natxo Lezkano, que vuelve a la LEB Oro tras su última experiencia con el Breogán, que acabó en ascenso.

No será fácil, pero Kamba, sin estridencias, no deja de mirar a la cabeza de la tabla. «Sería increíble poder ascender este año», reconoce. Está centrado —quizás el adjetivo se quede corto— en seguir creciendo como jugador y con la puerta de la ACB entreabierta, la ilusión por entrar en una de las mejores ligas del mundo, objetivo que llega persiguiendo años, motiva. Pero no se deja llevar y vuelve a hablar de trabajo, una constante en el éxito de su aún breve carrera. «Si ves nuestros entrenamientos este año, no son fáciles», dice alabando a su entrenador y a su metódica preparación del plan del partido, que cambia según el rival.

Allen Iverson despertó su pasión por el baloncesto

Su origen es difícil de catalogar y todo se complicó desde el minuto cero. Sus padres, congoleños, se fueron de viaje a Zambia a ver a unos familiares y a Kamba le dio por nacer allí. Llegar al mundo y poco más, pero ahí quedaba su partida de nacimiento. Viviría en el Congo hasta los seis años, cuando se mudó a Canadá.

El gusanillo del baloncesto le entró viendo al Allen Iverson, aquel que llevó a los Philadelphia 76ers a la final de la NBA. «Con 8 o 9 años, estaba entre él y Vince Carter. Aquella finta sobre Jordan que acaba en canasta en 1997…», recuerda Kamba refiriéndose a aquella noche en la que el pequeño base humilló al mito de los Bulls.

El jugador del Leyma se marchó a Estados Unidos en busca del profesionalismo. Un lío de papeles le hizo coger tarde el tren universitario. «Tras el instituto, para jugar en Estados Unidos tienes que pasar un examen y probar tus conocimientos en matemáticas, geografía o inglés. Todo esto lo hice tarde porque no sabía nada sobre este proceso, así que cuando empezó el verano y tenía que buscar equipo todavía no podía ser elegido», explica. Kamba acabó en Arkansas. No sin lío. Se le cerraron varias puertas por una polémica en Twitter. «Chequeaban nuestras redes sociales para ver si éramos buenas personas. Un compañero escribió desde mi Twitter unos mensajes metiéndose con una chica y su novio. Uno de los entrenadores lo vio y, aunque le expliqué que no había sido yo, no pudo ser», aclara.

A base de insistencia y tras no ser drafteado por ninguna franquicia NBA persigue su futuro desde el baloncesto europeo. Paso a paso con el objetivo más ambicioso posible: «Obviamente tratar de llega a la NBA o a alguna de las mejores ligas del mundo».

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