Miserables en las gradas


Existe una especie de condescendencia entre los que comparten asientos en un estadio de fútbol. Los insultos, cuando salen de la boca del vecino, ese socio entrañable, son tolerados o incluso aplaudidos. En el fútbol los improperios afloran como casi en ningún otro deporte. Se necesitan más estudios sociológicos para indagar sobre esta particularidad. En todas las gradas vive un porcentaje de miserables, queramos aceptarlo o no. Habitualmente, los que lo denuncian son acusados de blandos o de traidores. Por eso hay padres que suspiran alivio cuando sus hijos eligen el baloncesto o el atletismo. Porque están hartos de las lindezas que sueltan otros progenitores hacia árbitros y niños. Porque se confiesan cansados de comprobar cómo campa el bilardismo rampante en partidos entre pequeños que casi ni saben atarse las botas. Pero hasta en el fútbol se van dibujando barreras. El Liverpool acaba de enfrentarse al Manchester en la Liga femenina. Algunos de los seguidores del United se entregaron a un cántico curioso: «¡Siempre sois las víctimas, nunca tenéis la culpa!». La acusación suena extraña e incluso light para un campo de fútbol. Parece una parodia edulcorada de las consignas de los hinchas. Pero la cuestión es que, según señalan desde el Liverpool, la frase se refiere a la tragedia de Hillsborough. Y no es precisamente de buen gusto traer a colación una de las páginas más oscuras del fútbol mundial, una avalancha humana que dejó en aquella semifinal de la FA Cup 96 muertos y más de 700 heridos. Sobre todo, teniendo en cuenta que con el tiempo se fue descubriendo cómo se intentaron tapar las negligencias para arrojar toda la responsabilidad sobre los seguidores. Las familias de las víctimas nunca se rindieron y, después de una batalla judicial de casi treinta años, los tribunales les dieron la razón: una cadena de fallos de seguridad y errores policiales provocó los homicidios involuntarios. El Everton, rival histórico del Liverpool, difundió entonces un comunicado: «Saludamos a las familias de Hillsborough y su reivindicación como luchadores por la justicia. La suya es la más grande victoria en la historia del fútbol. Buenas noches. Dios les bendiga». Fue una lección. Pero poco se ha aprendido. Para algunos, todo vale. Esos deberían caminar solos.

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