Diego Forlán: «No besaba los escudos por respeto»

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Es hincha de Peñarol, en el Atleti pasó su mejor etapa, quiere ser entrenador y ha vuelto a jugar al tenis

23 sep 2019 . Actualizado a las 11:53 h.

Eligió para anunciar que lo dejaba un martes. El pasado 6 de agosto. Diego Forlán (Montevideo, 1979) había cumplido los 40 años y, tras más de 20 como profesional, había recogido los bártulos y vuelto a casa. Por el camino fue doble Bota de Oro -en el 2005 con el Villarreal, compartido con Henry, y en el 2009 con el Atleti-, Balón de Oro del Mundial 2010, supercampeón de Europa y campeón de la Europa League. Jugó en tres continentes. Y su último servicio lo había hecho en Hong Kong. Diego esperó al club de su vida, soñando una despedida a lo grande. Pero no llegó.

-Ahora tendrá más tiempo para jugar con los amigos.

-Al fútbol no juego. Nada de nada. Me puse exquisito. Jugar por jugar, ya no. No hace falta que sean exfutbolistas, pero tendría que tener algo para que me prenda. Como ese grupo no lo tengo armado, no me caliento. Me he sacado el curso de entrenador y, si me sale una oferta, me encantaría entrenar. Pero, jugar, he vuelto a la raqueta.

-Como cuando era niño.

-Sí, sí. De chico jugaba a las dos cosas. Ahora juego al tenis cuatro o cinco veces por semana. Y, si no, al pádel. Cuando me decanté por el fútbol tuve que dejarlo.

-En su familia, decantarse por el fútbol casi sería obligación.

-No era una condición, pero mi abuelo materno jugó [Juan Carlos Corazzo disputó el Mundial de 1962], mi padre jugó [Pablo Forlán fue tres veces mundialista con Uruguay], mi hermano jugaba... todo alrededor era fútbol. Al final me lo ha acabado dando todo.

-Y, como su abuelo, emigró joven para probar suerte en Argentina.

-Fue un cambio enorme, tenía 18 años. Dejé mi casa, me metí solo en una pensión. Por suerte, en los estudios me había aplicado con el inglés. Si no, cuando llegó el Manchester hubiese sido de locos. Caí en un equipo que fíjate lo que era.

-Un grupo de figuras, con Sir Alex Ferguson a los mandos.

-Es un tipo educado, pero más de una buena bronca me gané con él. Era el jefe, el líder y ejercía como tal. Está bien que fuera así. Cuando hacías lo que no estaba planeado, se molestaba.

-Mánchester, Villarreal, Atlético, Inter... ¿con qué etapa se queda?

-El cambio a Villarreal fue abismal. Pillé la onda de un equipo chico, tenías todo a tu disposición. Fue un crecimiento mutuo, ¡y era el Mediterráneo! Pero mi mejor etapa profesional la viví en el Atlético. Tenía más experiencia, me sentía maduro y ganamos un título.

-Sin besar la camiseta.

-Llegas a un club y te piden que beses el escudo. Yo nunca lo he hecho, por respeto al club y a sus hinchas. Se me ha criticado también por eso. Cada uno tiene que ser coherente. Siempre he dado el máximo allí dónde he estado. Hablaría muy mal de un profesional si deja de dar un plus por no ser hincha del club que defiende. Cuando pasas cuatro o cinco años es normal que le tengas un cariño y que quieras que ganen luego. ¿Pero cuándo uno llega? Hay un largo camino para que eso suceda.