El arte de hacer del golf un espectáculo


El Masters, el más joven de los grand slams, estaba en los años 60 y 70 por detrás del resto: el US Open era el preferido para los americanos, el British para los europeos y el PGA surgía representaba el tercero en discordia. Pero Augusta ha sido el campeonato que mejor ha entendido el golf como un espectáculo moderno, vistoso, original. Por eso cada primavera engancha a un público que va más allá del habitual de golf. Es un show por la preparación del campo y sus rituales; y así ha enganchado al espectador joven. A todos nos encanta. Mi primer favorito, para mojarme, es Rory McIlroy porque está jugando muy bien y lo tiene todo para este campo. Si abrimos la apuesta, también veo entre los principales candidatos a Dustin Jonhson, Justin Rose, Justin Thomas y Louis Oosthuizen. Dos españoles cuentan para mí: Jon Rahm, quien lo tiene todo para ganar en Augusta, pero necesita terminar las últimas vueltas, algo que le está costando; y Sergio García, al que veo francamente bien, con varios torneos recientes entre los 10 o 15 primeros.

Sobran jóvenes con talento para protagonizar una sorpresa, pero en Augusta pesa la última vuelta, la que descarta a muchos aspirantes. Entre las opciones menos esperadas, no me desagradaría que el título recayese en un oriental. Allí están volcados con el golf, que recibiría un impulso.

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