La ajetreada maleta de Iván Salgado

Prepara dos proyectos de fin de carrera para la universidad búlgara y compite en cuatro países y en grandes torneos


Acaba de aterrizar en Sofía desde tierras francesas. Allí compite para el club de ajedrez de Châlons-en-Champagne. El próximo fin de semana le tocará hacerlo para su club alemán. No son las únicas ligas en las que participa Iván Salgado (Ourense, 1991): «Juego también la española, la turca y tengo una opción pendiente para la portuguesa». Sin apenas descanso, se trae entre manos los apuntes de anatomía: «Ya es difícil estudiarla en castellano, imagínate en búlgaro». El tablero fue lo que le llevó a Sofía, siguiendo el rastro de Ivan Cheparinov, triple campeón de su país. «Conocí aquí a la que ahora es mi esposa». Y se quedó. «Decidí que quería mejorar el idioma y la mejor forma de hacerlo era en la Universidad». Se matriculó en la Academia Nacional del Deporte para cursar el equivalente a INEF. Apostó por la rama de entrenador y la especialidad, como no, de ajedrez. «Al entrar al tercer año nos dieron la oportunidad de sumar una segunda especialidad, la de mánager deportivo. Tenía la sensación de que iba a ser abarcar mucho, pero acepté». Salgado trabaja ahora en dos proyectos fin de carrera: uno relacionado con la historia del ajedrez y el otro con las diferencias culturales en la toma de decisiones. «Es un estudio sociológico. Por ejemplo, tras una partida en la que un jugador pierde, ¿va a la conferencia de prensa? Algunos lo hacen, a pesar del enfado. Otros, no. En esos diferentes modelos de comportamiento me estoy centrando», desgrana. Alega que en España no podría compaginar los estudios con su actividad: «No te dan facilidades».

Aquel año en el puesto 88

El primer año universitario, el 2016, Salgado disparó su cotización y dejó su nombre en el puesto 88 del mundo. «Fue un éxito increíble. Los 200 primeros se dedican exclusivamente al ajedrez, yo estaba entre el 1% escaso que estudiaba al mismo tiempo. Antes entrenaba para mis partidas y me organizaba solo en base a eso. Luego tuve problemas serios con el estómago y las cosas dejaron de irme bien. Ahora tengo un calendario y empiezo a poner cosas en rojo por todas partes hasta llenarlo. Llega un punto en el que tengo que descartar cosas. Con suerte, si puedo, consigo tener una semana libre al año. Me cojo más de cien aviones. Algunos desplazamientos implican ya cuatro vuelos, así que bastantes más de cien, seguro». Y suspira. Dice que ahora no se obsesiona con los ránking, pero sí con no dejar de progresar para seguir compitiendo con los mejores del mundo.

Pendiente de si asume su quinto club -en Portugal- ahora está inmerso en dos competiciones. «El año pasado conseguí ascender con mi club alemán a la máxima categoría. En las partidas que tengo pendientes hay rivales que están entre los diez mejores del mundo». El club francés le reclamó con el mismo objetivo, el ascenso. Ambas ligas se disputan entre noviembre y abril. En verano será turno para la turca y la española. Aquí defiende los colores del club de su ciudad. «Me gusta competir en Ourense, y con gente de casa, sin hacer fichajes extranjeros. Prefiero jugar en Galicia que en cualquier otra parte». También advierte: viene una cantera con gran potencial. «Llevo diez años entrando en el equipo olímpico, incluso en mis años malos, pero con el nivel que traen muchos jóvenes no sería raro, si no mantengo el nivel, que en cuatro años pueda quedarme fuera». Confiesa que su padre se lo acaba de recordar por teléfono. Por si se le ocurre relajarse.

«Carlsen te va devorando sin que te des cuenta»

Salgado fue el gran maestro español más joven, con 16 años. Tenía 18 cuando se proclamó subcampeón del mundo. Hace poco más de un mes que pugnó, junto a los más grandes del tablero, por el título intercontinental de partidas rápidas en San Petersburgo. En la octava ronda, de las quince previstas, se cruzó en su camino el astro noruego Magnus Carlsen. «Me ganó bien, pero fue una de las partidas más reveladoras que he jugado en mucho tiempo, a pesar de que pudo parecer que no fue complicada para él. La he analizado ya cinco o seis veces. Es increíble, parece que no te hace nada extraordinario. En realidad son pequeños detalles muy precisos que domina muy bien. Va cobrando ventaja, te va devorando casi sin que te des cuenta, de repente llegas a una posición y estás perdido. Es casi como magia. Terminas la partida y dices: ¿cómo me ganó? Te aseguro que al acabarla no lo tenía claro, tuve que revisarla luego en casa para entenderlo», recuerda.

 

Se toma aquella lección como una magnífica forma para mejorar. También ha tenido la oportunidad de enfrentarse a Fabiano Caruana, el rival de Carlsen en una de las finales del Mundial más épicas. «Caruana es muy diferente. Tiene dos puntos fuertes en los que quizá Carlsen no es tan bueno. Uno es el cálculo de variantes y el otro, la preparación de las aperturas. En las primeras jugadas suele ser más preciso. Con ese par de cosas organizó su resistencia. Son dos estilos muy diferentes. Cuando llegaron los ritmos rápidos, Carlsen lo machacó, se lo comió con patatas».

La última final será una de las más recordadas de la historia: «Fue tremendo. A pesar de acabar en tablas, las partidas fueron de una calidad increíble, no recuerdo una tan alta en una final. Ha habido muchísimos detalles. Para mí, la mejor de los últimos diez o quince años». Los ajedrecistas cobran de los clubes, de los torneos en los que compiten -de forma individual o con sus selecciones- y de patrocinadores privados. Salgado mantiene que al ajedrez le hubiese venido mejor otro vencedor. «Hubiese sido mejor que ganara Caruana, llegarían muchos más patrocinadores desde Estados Unidos. ¡Pero, claro! Carlsen es el mejor con mucha diferencia, no tiene rival y se merece estar ahí arriba».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos
Tags
Comentarios

La ajetreada maleta de Iván Salgado