Una NBA de hombres extraordinarios

Curry, LeBron, Harden, Westbrook, Davies, Durant o Antetokounmpo regalan un año repleto de bestialidades en una liga en la que ahora ha irrumpido como un cometa Doncic

Colpisa

La NBA siempre ha parido números siderales. Los 100 puntos que Wilt Chamberlain anotó el 2 de marzo de 1962 a los New York Knicks, los 55 rebotes que el mismo hombre capturó el 24 de noviembre de 1960 en un duelo contra los Boston Celtics, las 30 asistencias que repartió Scott Skiles contra los Denver Nuggets la víspera de la Nochevieja de 1990 o los 17 tapones que Elmore Smith les colocó a los jugadores de los Portland Trail Blazers en 1973 perviven como registros históricos.

Pero el mejor baloncesto del planeta ha mutado radicalmente en los últimos años, con figuras que han convertido el big three en algo casi irrisorio si se compara con el quinteto íntegro de All Stars que dispondrán sobre el parqué los Golden State Warriors una vez que DeMarcus Cousins coja ritmo tras la lesión en el tendón de Aquiles que permitió su desembarco en la Bahía de San Francisco «a bajo coste» (5,4 millones de dólares por una campaña). Completará así una primera fila estelar con la que Steve Kerr tratará de sellar el three-peat, el tercer anillo consecutivo de la franquicia. La competencia es feroz, fruto de una amalgama de talento que impulsa a un puñado de estrellas capaces por sí solas de asombrar al planeta una noche sí y otra también.

¿Dónde está su techo?

Stephen Curry, LeBron James, Russell Westbrook, James Harden, Anthony Davis, Kevin Durant o Giannis Antetokounmpo se han pasado los últimos doce meses pergeñando auténticas bestialidades que animan el debate sobre dónde está el techo de unos jugadores que tocan el cielo con sus mates estratosféricos y sus triples imposibles, elevando el nivel de una competición que atraviesa una época de esplendor. Como recordaba Sports Illustrated al adjudicar a los Warriors el título de Personalidad Deportiva del Año hace unas semanas, el ascenso a la cúspide del equipo «ha coincidido con la restauración de la NBA como una vanguardia de la cultura que recuerda el prolongado auge de la liga, que comenzó con los años de Magic-Larry en la década de 1980 y continuó hasta los 90 dominados por Jordan».

El picorcillo no lo siente sólo el base de los Warriors cuando se levanta para tirar de tres, sino que invade a los aficionados cada vez que se asoman a un partido con la incógnita de quién protagonizará la enésima hazaña.

Klay Thompson sepultó a los Chicago Bulls a finales de octubre con 14 triples convertidos en 24 intentos. 27 minutos de orgía triplista en el Oracle Arena que le permitieron sumar 51 de los 149 puntos de su equipo para barrer con una canasta más el récord que había registrado en el 2016 el otro integrante de los splash brothers.

Matar, asistir y rebotear

Pero lo que hoy se lleva es la multitarea. El rey ahí es Westbrook, que remachó las dos últimas campañas promediando un triple-doble, pero tiene competencia de sobra. Harden, Antetokounmpo o LeBron anotan, asisten y rebotean sin despeinarse. Mezclando labores en noches en las que combinan la decena de unidades en todos los apartados.

Harden logró el MVP del curso 2017-2018, en el que estableció con 60 el tope de puntos del año pasado, igualado en noviembre por Kemba Walker. Dwight Howard, por entonces en los Hornets, fijó en 30 el mayor número de rebotes. LeBron se convirtió en el primer jugador capaz de franquear la barrera de 30.000 puntos, 8.000 rebotes y 8.000 asistencias en su carrera el mismo año que abandonó por segunda vez los Cavaliers, esta vez rumbo a Los Ángeles. La presencia del Rey augura el retorno de los Lakers a los play off en un Oeste que continúa agrandando la brecha respecto al Este. En la misma Conferencia que LeBron deslumbra Luka Doncic, cuya experiencia en Europa ningunearon algunos como Charles Barkley -«ha jugado contra una mierda de rivales», llegó a comentar el Gordo-, pero que se está demostrando determinante para un aterrizaje de impacto inmediato. Los quince primeros partidos del esloveno sólo tuvieron parangón en los inicios en la liga de Oscar Robertson y Magic Johnson. En Dallas, atentos siempre al talento de Europa -ahí sigue Dirk Nowitzki en su vigésimo primera temporada con los Mavericks- se firmó el robo de la lotería, con un intercambio que mandó a Atlanta a Trae Young para que Wonder Boy recalase en Texas y comenzase a liderar un equipo que fue campeón en el 2011 y sueña con recuperar el terreno perdido de la mano del chico que creció en el Madrid y cruzó el charco para codearse con unos monstruos que ya van respetándole como a un igual.

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