Cuestión de oficio

José Manuel Fernández PUNTO Y COMA

DEPORTES

LLUIS GENE

Especulaba el fútbol con la respuesta de Messi y se encontró con la faena de un Barcelona más funcionarial que osado, más práctico que brillante. Cuestión de oficio, y de jerarquía. El peso del juego. Sencillamente, el conjunto catalán es superior al Roma y eso es lo que se plasmó en la ida en un Camp Nou al que no le queda otro remedio que ir haciéndose a la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Cierto, el Roma destila voluntarismo y disciplina, buscó desde e principio una respuesta coherente, presionó a su rival en cuanto perdía un balón y se agrupó como un acordeón. Loable intención que se alió con el palo para no encajar en un remate de Rakitic, pero que comenzó a desplomarse la segunda vez que se juntaron Iniesta y Messi, esa combinación diabólica que el fútbol echa de menos ya antes de que se esfume.

Al Barça actual le falta algo de picante, pero conserva la paciencia infinita de los que confían en la idea y, eso sí, ha aprendido a agruparse para defender con más seguridad que antaño. Esperó el Barcelona y se topó con el azar, la suerte, en forma de dos goles en propia meta y en un rechace del portero que Piqué ?siempre atento? mandó al fondo de la portería. Además de resolver el pase a la semifinal, la mejor noticia para Valverde es el regreso de Busquets, el ancla que pone orden y concierto en un grupo que ayer ni siquiera necesitó de Messi para superar con facilidad a un Roma voluntarioso y decidido en apariencia, pero inesperadamente frágil atrás. Lo anhelaba el Camp Nou y lo esperaba el fútbol, pero al argentino no parecen motivarle las exhibiciones de Cristiano Ronaldo como al portugués las suyas. Ayer tampoco era necesario.