Madurez competitiva y defensa

Juan J. Fernández EL DESMARQUE

DEPORTES

27 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La victoria siempre tiene un sabor dulce y genera un bienestar especial. Representa el acierto en los planteamientos previos y despierta un anticiclón de buen rollo que todo lo impregna. Pero si esta se produce ante el causante de epidemias de lloros y lamentos, entonces destila un sabor tan explosivo y refinado solo comparable, en términos balonmanísticos, al no va más. Deseo, deseo y más deseo no llegan para dejar cariacontecidos a la legión gala. Se precisa un buen planteamiento, ejecutarlo con precisión de cirujano y, más importante, madurez competitiva para decidir con maestría. Disfrutemos de cada uno de los matices de tan esperada victoria.

Un antiguo jugador francés, que tuve la suerte de entrenar, me recordaba ayer que siempre argumentaba que el día que abandonasen la selección francesa Narcisse y Omeyer les ganaríamos. Profecía cumplida. No es fácil remplazar a ciertos jugadores. Aquellos que no fallan en los grandes momentos son los genios. Francia está en un ciclo nuevo y se ha vuelto terrenal. Modificaron sus sistemas para adaptarse a nuestro juego como si fuésemos los favoritos, dándonos un claro impulso moral.

La fase defensiva se compone de dos subfases: defensa posicional y balance defensivo. En ellas estuvimos a un alto nivel y ambas acabaron decantando el partido. Con una actuación correcta en portería, pero con una defensa en bloque de manual. Los nueve goles de los franceses lo ilustran. Otro punto clave fue controlar el ritmo de juego en todo momento. Apenas cometimos errores no forzados y nuestra efectividad en el lanzamiento nos elevó a la gran finalísima.