El dopaje salpica al ciclismo máster

Dos de los cuatro campeones gallegos de las categorías de veteranos están suspendidos provisionalmente por haber dado positivo en el autonómico


Redacción / La Voz

El ciclismo gallego se ha visto sacudido en las últimas semanas por la noticia de la suspensión cautelar de dos de los campeones gallegos de veteranos por dar positivo en un control antidopaje realizado en el autonómico del pasado mes de julio. El análisis al que se sometieron Francisco Javier Iglesias, vencedor en máster 40, y Valeriano Carrera, que logró el título en máster 60, detectó la presencia en su organismo de sustancias prohibidas y, pese a que todavía no existe sanción en firme a la espera de que concluya el plazo para la presentación de alegaciones, a ambos le ha sido retirada provisionalmente su licencia y no pueden competir.

Pese a que las suspensiones cautelares solo se comunican a los afectados y a la federación correspondiente, la noticia ha corrido como la pólvora en los ambientes ciclistas, generando un gran revuelo y multitud de comentarios en redes sociales. Y ante esto, Carrera ha optado por dar su versión en una de las redes reconociendo haber utilizado una sustancia prohibida, aunque se defiende asegurando que en ningún caso la consumió con el objetivo de mejorar su rendimiento. «El positivo es debido a una medicación permanente que tengo debido a la edad y ciertos problemas de salud, y como no soy profesional no lo había notificado a la UCI», explica. Y, a continuación, el corredor añade que ha presentado justificantes de la prescripción de dichos medicamentos y que está a la espera de una resolución definitiva.

Por su parte, Iglesias explica su caso en términos similares. El vencedor del campeonato gallego en categoría máster 40 admite también haber consumido la sustancia que ha revelado el control, aunque elude desvelarla por el momento aduciendo motivos personales pese a ser consciente de que si es sancionado en firme se hará pública. En cualquier caso, al igual que Carrera, defiende que no la utilizó para aumentar el rendimiento. E incluso apunta que «sabía que iba a pasar control, pero no que podía dar positivo» al desconocer, según sus palabras, que el tratamiento al que se estaba sometiendo contuviese una sustancia prohibida y que debía comunicárselo a la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD).

De todos modos el corredor, que fue un destacado ciclista élite a finales de los noventa, asume que este desconocimiento no le exime de cumplir la normativa y que «ahora, aunque lo justifique, no hay solución, porque tenía que haberlo comunicado previamente». Pero, a la vez, se afana en aclarar que «una cosa es dar positivo, y otra es doparse», insistiendo en que en ningún caso pretendió aumentar su rendimiento de forma ilícita, y considera que «lo que me pasó a mí, le puede pasar a mucha gente por falta de información».

Además de estos dos resultados adversos, otros ocho ciclistas tuvieron que pasar control antidopaje tras el campeonato gallego máster, incluyendo tanto a los vencedores de las otras dos categorías como a varios corredores elegidos por sorteo, sin que ninguno de estos infringiesen la norma. Uno de ellos fue Alejandro Magallanes, que había sido seleccionado al azar pero además también tuvo que someterse al mismo al haber ganado la prueba alzándose con el título máster 30. Y al preguntarle su opinión respecto a los positivos de Iglesias y Carrera, con los que ha compartido pelotón en numerosas pruebas, el vigués, que llegó a ser profesional hace casi de una década corriendo en un equipo luso, afirma creerse la versión de ambos.

«En esta categoría nos tenemos que pagar la licencia, los desplazamientos, la bicicleta y hasta la inscripción en la mayoría de pruebas, en las que además el único premio es un trofeo, por lo que me cuesta creer que se hayan dopado conscientemente», explica Magallanes. Y aunque también reconoce que, por su experiencia previa, él sí sabe que si alguien se somete a un tratamiento que puede dar positivo debe comunicarlo a la AEPSAD, afirma que «entiendo que alguien que en su vida diaria tenga que tomar, por ejemplo, un antigripal para ir a trabajar al día siguiente, no esté pendiente de si contiene una sustancia prohibida o no», añade.

Por otra parte, desde la Federación Gallega de Ciclismo, organizadora del campeonato, el mensaje que transmite el presidente, Juan Carlos Muñiz, es el de «tolerancia cero» con el dopaje. En este sentido, explica que a principio de temporada comunican a la AEPSAD el calendario de pruebas, y que a partir de ese momento es la propia agencia antidopaje la que decide a cuáles acude sin comunicarlo previamente. Y aunque evita pronunciarse sobre estos dos casos a la espera de que exista resolución oficial de los mismos, sí insiste en que desde la federación «reclamamos todavía más controles» en pos de un ciclismo limpio.

Una categoría con un calendario cada vez más amplio y con alta participación

El bum que están viviendo deportes como el atletismo popular también está teniendo su reflejo en el ciclismo, en el que el número de licencias no deja de crecer en los últimos años, especialmente, en categorías como la de máster o el cicloturismo. De hecho, en Galicia es habitual que algunas de las carreras de veteranos cuenten incluso con una participación mayor que las pruebas élite y sub-23, participando en ellas muchos corredores que en su juventud compitieron a nivel aficionado, e incluso profesional, y que ahora se reencuentran con un buen número de antiguos compañeros y rivales en competiciones menos exigentes.

Habitualmente, estas pruebas no exceden los 80 kilómetros, o los 40 en el caso de los mayores de 60 años, lo que ayuda a que sean asequibles para cualquier aficionado al ciclismo sin necesidad de una preparación demasiado exhaustiva. Pero, a la vez, también es habitual que algunos de los participantes exhiban un nivel cercano al de ciclistas élite que luchan por hacerse un hueco en el pelotón profesional, lo que en un deporte con un pasado tan oscuro como el ciclismo siempre da pie a suspicacias.

Una lacra difícil de eliminar

En este sentido, positivos como el del valenciano Francisco Torrella, un corredor que hace unos años fue uno de los destacados del pelotón aficionado, y que en el 2016 competía en máster, han puesto los focos sobre la incidencia del dopaje en esta categoría. El corredor levantino, al que le encontraron EPO en el análisis de orina al que se sometió, emitió en enero un comunicado reconociendo su error y asumiendo las consecuencias, pero su caso no ha hecho más que reavivar las dudas sobre la limpieza en el ciclismo.

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