«¡Llull, Llull, Llull!»


Tiene 37 años, dos anillos de la NBA, tres títulos europeos, otras tantas medallas olímpicas, un Mundial y una colección de galardones para llenar unos cuantos currículos. Si no comete alguna imprudencia -improbable- dispone de una cuenta corriente que le permitiría, a él y unas cuantas generaciones de descendientes, ver pasar el tiempo tumbado a la bartola, algo también improbable. Un enorme cuerpo que ha sufrido el ajetreo de 1.250 partidos oficiales en la NBA y unas cuantas lesiones, algo que, es consciente, le pasará factura con el paso del tiempo.

A esa edad y con una cuenta corriente saneada cuesta trabajo adivinar qué puede impulsar a Pau Gasol a concentrarse durante algo más de un mes para competir durante un par de semanas en un torneo que ya ha conquistado en tres ocasiones y que, aparentemente, solo le reportará un cierto desgaste. Nadie le obliga. Incluso resultaría comprensible que los 216 centímetros en los que el baloncesto español ha apoyado quince años de leyenda se tomara un descanso. Cierto que si nada se tuerce, Pau Gasol está muy cerca de convertirse en el máximo anotador de la historia de los Europeos -25 puntos le separan de Tony Parker- y que conquistar cuatro de los cinco últimos torneos solo está al alcance de leyendas como las extintas URSS y Yugoslavia, en cualquier caso, objetivos menores para una estrella con 16 campañas en la NBA a sus espaldas y que acaba de firmar un contrato de 40 millones de euros por las próximas tres temporadas.

Pau Gasol es el pegamento, el aderezo imprescindible de un grupo que desde hace años compite con una sonrisa en la boca y cuya cohesión nunca se resiente, pese a las siete novedades con respecto al que participó el año pasado en los Juegos de Río.

No deja de resultar conmovedor que un superviviente de mil batallas se entregue al grito de guerra de un equipo que arranca sus partidos uniendo sus manos y homenajeando al ausente -«¡Llull, Llull, Llull!»-, aparentemente más propio de un grupo de adolescentes, o que haya querido estar presente en el último torneo con la selección de su amigo Juanqui, otra leyenda imprescindible.

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