Evitando querer ser partidista, me inclino por el Valencia Basket. Y son muchas las razones por las cuales, si el título de Liga se queda en la ciudad del Turia, giran la balanza en favor de Pedro Martínez y sus chicos. Una principal, la purificación de una competición tan abrasiva como es la ACB.
Porque el Valencia todavía no tiene un título de Liga ACB. Tras 30 años de esfuerzo deportivo, económico y social, tiene su mochila un único subcampeonato liguero. Ahí es donde va el meollo de la cuestión. Que una ciudad limítrofe pueda prevalecer sobre el dominio abrumador de Madrid o Barcelona, me parece loable. Una limpieza de los clásicos tú a tú que los grandes de España nos tienen habituados.
Y las razones deportivas de la final se vieron muy gráficas en el tercer partido. El Real Madrid más ligero de los últimos años, con muchas vías de agua en el juego del bloqueo directo (central y lateral) y una más importante, en el poste bajo, fundamentalmente cuando Ayón necesita descansar.
San Emeterio prendió la mecha y tras el descanso, el Valencia se mostró implacable. Merece cerrar la temporada con un título. Entre otras cosas, porque tras el amargo final de Copa del Rey frente a los de Pablo Laso le vino el sopapo de perder la final de la Eurocup en La Fonteta delante de los suyos. Para más inri, frente al Unicaja, conjunto con el cual mantiene esa pelea deportiva y en los despachos, de decir quién es el cuarto mejor club nacional.
Hoy es el todo o nada. Entiendo que esas derrotas en sendas finales, sirven para reconocer los sentimientos, las presiones o los malos nervios que esos encuentros conllevan. Las declaraciones post partido me han parecido absolutamente bien enfocadas. Ahora todo se centra en ver si Dubljevic, de nuevo, impone su ley y sobre sus recursos, Valencia bebe la gloria del oro. Del cetro de liga. Sería muy sano para la ACB.