A LeBron le falta levitar


Apenas había cumplido 17 años y ya era the chosen one (el elegido), el jugador llamado, por fin, a heredar el trono de Michael Jordan. Una fuerza de la naturaleza que no ocultaba su deseo de ser Jordan, en un ejercicio de márketing y arrogancia que hoy, catorce años después de desembarcar en la NBA, el baloncesto ha comenzado a perdonarle. Entre otras cosas, porque purgó buena parte de la soberbia entre los fiascos de los primeros años y una traición a Cleveland que, eso sí, le permitió ganar dos anillos y mucho dinero en Miami.

LeBron James ha conquistado tres títulos, está a punto de disputar su octava final -las últimas siete de forma consecutiva- y en buena parte ha marcado el baloncesto del siglo XXI, ese que no distingue entre posiciones y que busca con insistencia la versatilidad. Pues bien, nadie se acerca más a ese prototipo que LeBron, un anotador impenitente -27,1 puntos de promedio en los 1.061 partidos que ha disputado en la NBA-, un competidor feroz -3 títulos, 2 oros olímpicos- y el líder en todos losa apartados estadísticos en finales de la NBA. El abusón de antaño parece haber refinado un tanto sus modales, hasta el punto de reconocer que necesita a los demás.

El año pasado LeBron James lideró una remontada imposible, esa que permitió a Cleveland darle la vuelta a un 1-3 frente a Golden State; la redención definitiva del portento de Akron y el primer título de la historia de los Cavaliers. A partir del jueves tiene la tercera cita consecutiva con unos Warriors aún más fuertes, un equipo que se ha reforzado con una de sus víctimas favoritas -Kevin Durant- y que se ha presentado en la final con un inédito 12-0. Pero ya nada parece imposible para el LeBron James de hoy, probablemente el único jugador en el mundo capaz de adoptar cualquier papel sobre una cancha, tanto en un lado como en otro de la pista. Con 32 años, su palmarés prácticamente se mimetiza con el Michael Jordan: tres anillos, múltiples honores individuales, uno de los deportistas mejor pagados del mundo, con unos 60 millones de euros anuales, incluido un contrato vitalicio con Nike. Eso sí, a diferencia de Air Jordan, James aún no levita. Tampoco es inmortal. Por ahora.

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