El míster con «swing» que quiere hacer volver a brillar al Pontevedra

carmen garcía de burgos

DEPORTES

Capotillo

En solo dos años y medio Luisito llevó al equipo de ser décimo en Tercera a jugarse el ascenso a Segunda

08 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Llegó el 19 de octubre del 2014 a un Pontevedra que había caído con el paso de las décadas de liderar la Primera División, en los 60, a ser décimo en Tercera. En dos años y medio ascendió al equipo a Segunda B, y lo situó en el camino a Segunda con su pase, la noche del sábado, al play off siete años después. Hasta aquí, lo que se sabe. Pero, ¿qué cambió en el club granate  Se llama Luis Míguez, lo llaman Luisito, y es uno de los entrenadores con más carisma de Galicia.

A partir de la segunda temporada al frente del primer equipo granate moldeó la plantilla a su gusto a través de los fichajes. Pero cuando obró el pequeño primer milagro del Pontevedra, ascenderlo matemáticamente a Segunda B a falta de dos jornadas para el final de la liga, lo hizo con lo (im)puesto.

Fue Roberto Feáns, el director deportivo, quien se empeñó en él. A Lupe Murillo, la flamante presidenta, no le gustaba. No lo conocía en persona, pero el perfil del teense no le convencía. Ambos accedieron a reunirse una noche para ratificarse en sus opiniones, y de allí salió, no solo una de las historias más prometedoras del fútbol gallego de los últimos años, sino un dúo basado en la confianza mutua que se profesan dos personas con mucho carácter e ideas.

Cuando llegó a Pasarón, Luisito estuvo a punto de volverse. Se encontró con un vestuario erosionado, dividido y en dudosa forma física. El club atravesaba una situación financiera complicada y el equipo, por no tener recursos, no tenía ni donde entrenar. Pasó las primeras semanas observando, analizando a cada futbolista para saber dónde estaban los fallos. Una vez detectados, cogió a los elementos del vestuario que más podían aportar y los puso a dejarse la piel en cada entrenamiento y en cada partido. Y creó uno de los equipos más solidarios del fútbol gallego.

Mientras, Murillo y Feáns se ponían manos a la obra con el resto del club. Comenzaron a llegar a acuerdos con otras entidades que tienen campos de hierba natural para dejar de hacer sufrir a los jugadores en los de artificial. Ahora entrenan cada día en un ayuntamiento, pero dicen que no les importa. Compraron balones suficientes, acaban de estrenar una sala de vídeo y un gimnasio en Pasarón, al que cambiaron el césped, y consensúan entre los tres los fichajes. Tienen 300.000 euros de presupuesto, y el mejor equipo para él.