Chus Lago: «Creo que soy lo que he vivido»

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La montaña atrapó a esta alpinista desde muy niña y moldeó una personalidad a prueba de retos

01 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Chus Lago (Vigo, 1964) está de vuelta de su última expedición. Su travesía por el casquete polar de Barnes, en la isla canadiense de Baffin, es una muesca más en una trayectoria cargada de retos para una alpinista que sintió la llamada de la montaña desde muy pequeña y que siempre ha conseguido lo que se ha propuesto. Lo último, liderar la primera expedición española de mujeres polaristas.

-¿Por qué le llama la montaña?

-Lo que asocio es que la primera vez que subí al monte fue al mismo al que yo iba con mis padres. Subía a comer, a buscar fresas, a subirnos a los árboles, a vestirnos de indios con las hojas de castaños y cuando subí la primera vez me sentí como en mi casa. Después íbamos por las aldeas, dormíamos en palleiros, tenías nevadas, montabas un día a caballo con el rapaciño que llevaba las ovejas al monte. Era un sitio de pasar aventuras y era maravilloso. El monte era como un lugar muy especial. A veces veías nevar, otras veías águilas, serpientes... las hogueras por la noche, observar las estrellas, todo era muy mágico. Supongo que me enganchó.

-¿Una hija de la mítica Operación Benjamín de Montañeiros Celtas?

-Comencé antes de la Operación Benjamín. Esa fue quizás mi primera acampada, pero comencé antes, con 11 años en Monte Ceibe, que era un club del colegio Carmelitas y antes de un año me pasé a Montañeiros.

-¿Recuerda su primera escalada?

-Mi primera escalada fue en el Galiñeiro y la primera oficial con mi mochila con mi club de montaña fue al Vixiador. Nos dejó el autobús en la carretera, de cuando los policías vestían de blanco. El ómnibus nos trajo hasta la base y seguimos caminando por senderos hasta la cima. Me acuerdo de dormir en el refugio, montar a caballo...

-¿Alguna vez pensó en la montaña como salida laboral?

-Nunca dejé de trabajar. Yo trabajo desde los 19 años. Trabajaba dando clases de aeróbic en un gimnasio municipal y ahí estuve hasta que empecé con la política. Nunca he vivido de la montaña.

-Pero sí ha sido su pasión...

-Eso sí, pero me he cuidado mucho de que la montaña no fuera de donde venían las habichuelas porque es muy peligroso ir al monte por algo profesional. Creo que no me he equivocado con mi visión.

-¿Qué le ha dado la montaña?

-Todo. Por lo menos, la comprensión de las cosas que son más importantes, y lo más importante es que estés llena por dentro de cosas, de imágenes, de recuerdos. Estaba buscando algo y lo encontré en la montaña. Los seres humanos somos así, unos más curiosos que otros. La montaña me dio eso. Estar llena por dentro de muchos recuerdos, imágenes, sueños e ilusiones. Creo que soy lo que he vivido. Puedo decir que si me muero mañana, lo he vivido.

-¿De todo lo que ha conseguido qué le ha dejado más satisfecha?

-Todo me ha costado tanto que estoy satisfecha de todo. De todos los sitios, aunque unos puedan tener más nombres que otros. No es que llegues sola a un sitio o que hagas no sé qué, es que cuando llego sola es sola. Hay gente que sube sola pero tiene un equipo en el campamento base que está vigilando, ayudando, dando información. Yo he llegado hasta donde he querido. Ha sido una carrera larga y llena de curvas, emociones, pero bonita.

-¿Qué ha sido lo más duro?

-La Antártida. Todos los días, con ese viento de frente no te imaginas. Es difícil explicar que no tienes un refugio en donde meterte y que caminas o te quedas allí. Es el lugar más frio e inhóspito del planeta. Ha sido duro, pero ha habido otras expediciones muy complicadas. El Leopardo de las Nieves, cuando bajé con nueve dedos congelados.

-¿Una montañera se retira o lo es para toda la vida?

-Yo lo que veo es que a la gente que le gusta la montaña y la ha entendido de verdad, siempre está ahí. Veo que algunos montañeros tuvieron su momento y aunque ya no hacen grandes expediciones, se reciclan, están ahí, haciendo otras cosas, a lo mejor de segunda línea o tercera, pero emocionantes e interesantes.

-¿Le queda algún reto pendiente?

-La verdad es que no. Hubo un tiempo en el que pensaba que grandes expediciones no iba a hacer, me equivocaba, porque al final estoy metida en ellas. Me parecía que no me quedaba nada y una noche me desperté y me dije: ‘me faltan expediciones con mujeres, retos en el hielo, en los polos’. Y ahí surgieron las expediciones de Compromiso con la tierra. No obstante, hay una cosas que no puedo hacer porque mis rodillas no me permiten descensos prolongados.

-¿Cómo valora la última expedición?

-Me dejó emocionada, el paisaje del casquete polar de Barnes era brutal: Paredones helados, hielo verde y azul y ni una huella, pero fue tremenda, vientos de 60 kilómetros por hora que te rompen la tienda cuando no tienes ninguna protección, lo que te hace saltar todas las alarmas. Pero sobre todo, no podía haber elegido compañeras mejores, la experiencia fue increíble para las tres.

En corto

-¿Qué coche tiene?

-El mismo que tengo desde hace 14 años, un Bora del 2003 y cada vez lo cuido más. Sinceramente, a mí los coches me dan igual.

-¿Comida preferida?

-Lubina a la plancha.

-¿Bebida?

-Café con leche.

-¿Película?

-Los Puentes de Madinson.

-¿Un libro?

-Lo difícil es escoger, porque lo que he leído estos dos últimos años ha sido literatura polar. Diarios de los exploradores polares. Mi poeta preferido es Miguel Hernández, me encanta su poesía y es un poeta al que recurro constamente. Luego he estado leyendo a Rosa Montero, que somos amigas y la sigo mucho.

-¿Un personaje histórico?

-Amundsen. Lo digo convencida. Me he leído sus libros, que no los recomiendo porque escribiendo es la cosa más austera que uno se puede imaginar. Yo tengo mi propio criterio de cómo vivieron las aventuras, cuáles fueron sus fallos. Amundsen lo consiguió todo, el paso del noroeste, el polo norte, el polo sur...

-¿Qué música escucha?

-Me gusta cada vez más la música clásica. Me gustaría mucho tocar algún instrumento. Me encantan las versiones hechas en chelo.

-¿Cómo se lleva con las redes sociales?

-No me gusta Twitter, utiliza muy poquito el Facebook, no me gusta ser muy visible, prefiero escribir con tranquilidad que estar mandando cosas demasiado rápido. Me parece que además roba mucho tiempo, casi no te deja hacer otras cosa.