Pablo Laso, el blanco fácil


La semana pasada conquistó el decimotercer título desde su desembarco en la casa blanca en el verano del 2011, cuando el abanico de apuestas iba de lo efímero a lo testimonial. ¿Quién es Pablo Laso?, ¿cuál es su palmarés?, ¿con quién ha empatado? Nada que ver con su atildado antecesor, un Ettore Messina al que los títulos se le caían de las manos, ese tipo de técnico del gusto de un Florentino Pérez al que le van los triunfadores, los entrenadores capaces de presumir de palmarés.

Aseguran que Pablo Laso llegó al Madrid con el aval de Alberto Herreros, pero contra el criterio de un presidente que no acertaba a recordar que en el pasado de su nuevo empleado figuraban un par de temporadas como jugador del Real Madrid. Una apuesta por el baloncesto, sí, por ese deporte maltratado por la tantas veces industriosa pesadez balcánica o por las rígidas pizarras de Messina. Al italiano le sobraban Felipe Reyes, el Chacho y Sergi Llull, sí, los mismos que han puesto la firma a un buen numero de los triunfos blancos de los últimos años.

Hasta hacerse cargo del banquillo del Madrid se sabía que Laso había sido un jugador de clase más que de físico, un base puro que entendía el juego, un histórico pasador de la ACB con 61 internacionalidades que creció a la vera de Pepe Laso, su padre, un entrenador de los de toda la vida y aún hoy un maestro al que conviene escuchar. De ahí que resulte aún más incomprensible que haya sido un blanco fácil, un técnico del que se despreciaba su palmarés -un ascenso y tres campañas en la ACB- y se criticaba su imagen. Irascible y vehemente a veces, ha sabido mover las piezas para dar más solidez al grupo, y ha tenido mucho que ver en el impulso de una cantera cada vez más ejemplar. El blanco fácil ajustó cuentas con la historia de la Copa ya en su primer año, necesitó tres intentos para hacer lo mismo con la Euroliga y ha conquistado tres Ligas. Esta campaña está en disposición de repetir el triplete del 2014-15 -entonces también ganó la Supercopa-, pero lo meritorio, lo auténticamente admirable, es que Pablo Laso nos ha reconciliado con el baloncesto, con un juego al que le ha devuelto la cara y los ojos, el corazón y el alma.

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