Dos mitos desafían a la lógica

Federer y Nadal retan en Australia a los dominantes Djokovic y Murray


REDACCIÓN / LA VOZ

Hace meses que el presente se les resiste, pero su magnetismo los convierte en capaces de cualquier cosa. Gran parte del atractivo del tenis actual sigue girando alrededor de Roger Federer y Rafa Nadal, aunque para considerarse auténticos candidatos al Open de Australia -que empieza esta noche (01.00, Eurosport)- desafían a la lógica. El suizo no gana un grande desde Wimbledon 2012 y en Navidades rompió más de seis meses sin competir, mientras que el mallorquín adelantó el final de la pasada temporada al preferir entrenar que seguir jugando sin verse completamente competitivo. Uno figura en el puesto número 17 del ránking y otro en el noveno. Aunque el talento todavía lo tienen, y la devoción del público. Recuperado de sus molestias de rodilla, Federer reapareció hace unas semanas en un entrenamiento en Perth ante seis mil personas, y en el ocaso de su carrera disfruta compartiendo detalles en Internet, como una reciente sesión de trabajo retransmitida en streaming. Con o sin grandes, con la cifra de majors estancada en su récord absoluto de 17, revalidó en el 2016 como el deportista mejor pagado del mundo, con 56,6 millones por patrocinios. Aunque el suizo es cinco años mayor que Nadal (30), el desgaste del mallorquín se ha cobrado un peaje constante desde que irrumpió en la élite en el 2004. Así que, como no hay mejor patria que la infancia, ha buscado un revulsivo en su pasado, añadiendo a su banquillo al guía que lo aconsejó cuando irrumpió en la jungla del tenis profesional, Carlos Moyá. En su inicio de curso ha sumado victorias refrescantes ante Tomas Berdych y Milos Raonic, aunque en realidad en pista dura lleva más de un año sin ganar a Murray y tres y medio sin doblegar a Djokovic.

Ese será su verdadero reto cuando el martes se ponga en marcha frente al alemán Florian Mayer, con Raonic en el horizonte de unos hipotéticos octavos de final, Monfils en cuartos y Djokovic en semifinales.

Mitos aparte, el Open de Australia gira alrededor de Djokovic y Murray, Murray y Djokovic. El escocés, invencible en el espectacular arreón final de temporada (con títulos en Río, Pekín, Shangái, Viena, París-Bercy y el torneo de maestros de Londres) defiende el número uno mundial convertido en el jugador completo que durante años quiso ser. Y mantiene en su banquillo otro histórico para ayudarle a lidiar la presión. «Por eso tengo a alguien como Ivan [Lendl] en mi equipo, que ha estado en esa posición antes y sabe qué es lo más importante», indica el británico, que debuta esta noche (no antes de las cuatro de la madrugada) ante el ucraniano Illya Marchenko.

Otro jugador histórico guio el camino de Djokovic a la cumbre, pero algo se torció en otoño, cuando el serbio eligió al español Pepe Imaz como consejero espiritual y la reestructuración de su equipo se saldó con la salida de Boris Becker como consejero.

Mientras, Federer se fija en Nadal para firmar un regreso como los que protagonizaba el mallorquín: «Rafa siempre ha estado increíble en sus reapariciones. Es uno de los jugadores que ha dado lo mejor, lo máximo. Siempre volvió con una nueva fórmula para ganar torneos».

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