¡No pienses, Florin, corre!


Me llevé una gran alegría con el gran partido de Florin Andone. Recuerdo que el año pasado también había empezado así, quizá no fueron tantos partidos sin goles como este año, pero sí que le costó encontrar el acierto preciso y luego ya no lo dejó. Es jugador que necesita tener ocasiones, pero también es cierto que él mismo se las genera con su hambre y ganas de mejorar, de crecer como futbolista y llegar a ser el mejor.

Por cómo lo conozco, sé que si no marca, se responsabiliza demasiado. Cuando ocurrió con nosotros en el Córdoba le daba vueltas a la cabeza: «No estoy bien, la gente espera más de mí, a ver si el entrenador va a dejar de contar conmigo, si me voy a perder la Eurocopa». Él mismo entraba en un círculo vicioso. Y yo le respondía: «Tranquilo, relájate, a mí con el trabajo que haces ya me vale». Además, es un chico fortísimo, que cuando se lesiona se recupera rápido y quiere jugar siempre. La temporada pasada acumuló tantos minutos con su selección que llegaba junto a nosotros y lo teníamos que frenar un poco, porque no es blandito, ni débil, ni dudoso en sus quejas.

Por el bien del Deportivo él debe huir de las comparaciones y la afición tampoco tiene que insistir. No va a ayudar ni a Florin ni a nadie hacer cábalas sobre si llegará a los 17 goles. Se ha ido Lucas, que lo ha sido todo para Riazor, y ahora está uno nuevo que es cierto que viene de jugar la Eurocopa, pero también de Segunda División y aún es joven.

Los dos juegan mejor solos en punta que acompañados, pero a los dos les gusta el desmarque y correr. Lucas prefiere llevar el balón en los pies y Florin, salir a los espacios, donde echa mano de su fuerza. Por su carácter y su entrega constante necesita que los centrocampistas entiendan sus cualidades, que lo busquen en las diagonales y las carreras al espacio. En el primer gol contra la Real me recordó mucho lo que hacía aquí: él sabe anticiparse al primer palo, aunque lleve marcaje. Necesita saber que los pasadores van a buscarlo y no se van a entretener, porque él siempre juega al límite. Y en cuanto recibe el balón, debe correr mucho y pensar poco. Así fue en su segundo tanto, un auténtico golazo, producto de sus mejores cualidades. Me alegré muchísimo de este gol por lo bien que lo hizo. Recuerdo que en los entrenamientos le insistía en que el mano a mano era una cuestión de definir, no de pensar. Debe correr, porque con esa potencia que tiene llegará el gol. Le repetía: «¡No pienses, Florin, corre!».

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¡No pienses, Florin, corre!